La urgencia de las maniobras fiscales


Para entender la calma inicial, y las prisas actuales, en lo referido a las modificaciones fiscales en España, es de cajón tener en cuenta los muy malos resultados del partido del Gobierno en las últimas elecciones europeas. Como sucedió con el relevo en la Jefatura del Estado, las largas dieron paso a las urgencias. La marea de desafección popular que se registró en las urnas aconsejó en los dos casos lanzar a toda máquina lo que estaba medio dormido.

En el caso fiscal se trata de no seguir perdiendo votos y para ello el mensaje que se quiere dar es muy claro: ahora bajamos los impuestos, a todo el mundo. Que nadie se queje y que todos comprendan que si los subimos al llegar a la Moncloa fue por imposición de Bruselas, debido a la herencia recibida de los socialistas.

Si a ese primer objetivo le añadimos que, en las proyecciones macroeconómicas del propio Gobierno, para que la tímida recuperación actual llegue a consolidarse se depende de forma crucial de que lo haga la demanda interna, ahí tendremos una segunda razón para las medidas tomadas a toda prisa.

Como acaba de hacer el Banco Central Europeo, viramos radicalmente porque el enfermo se nos muere con la terapia (véase en el infame trato fiscal a los desahuciados). Por eso, de momento, ni se nos ocurre subir el IVA u otros impuestos indirectos. Porque buscamos desesperadamente sacar de la uci un consumo privado de los hogares que agoniza y a las empresas que dependen del mismo.

La maniobras fiscales encuentran un tercer argumento en la actual fase de relevo en la Comisión Europea. Se confía en que, mientras se va Durão Barroso y llega Jean Claude Juncker, se suavice algo la línea dura del Consejo y del Eurogrupo; que se crean que lo que perdemos por menores ingresos, lo ganamos por más Producto Interior Bruto y más votos. Y asunto resuelto.

El riesgo de toda esta maniobra es estar en un par de años en el mismo punto de partida que hace dos. Y vuelta a empezar con los durísimos ajustes fiscales del pasado. Que la Comisión Europea y el Eurogrupo nos hagan subir entonces los impuestos que ahora no subimos, y recortar aún más los servicios públicos. Y vuelta a la recesión.

Había otro camino para recuperar la demanda interna: elevar el salario mínimo y aplicar subidas salariales y de las pensiones por encima del IPC. Y en vez de bajar los impuestos a los más ricos y a las empresas, hacer que ahora que vuelven a estar como antes de la crisis, realicen una contribución especial a las políticas de gasto público ahora colapsadas (I+D, TIC, infraestructuras productivas, reforma energética, etc.); políticas que nos son imprescindibles para ganar competitividad en los mercados. Para no quedarnos con los servicios públicos menguantes a hombros de los costaleros de siempre.

La estrategia del Gobierno confía en que, pagando algo menos de impuestos, las familias consuman más y las empresas inviertan. Pero, tal como yo lo veo, con anorexia del gasto público y alegre consumo de los más ricos, no saldremos de esta.

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