La (mala) sombra de Zapatero es alargada


El temor, extendido en amplios sectores del PSOE, de que la elección de uno de los candidatos a la secretaría general con opciones de ganar -Madina y Sánchez- pueda significar la vuelta de un nuevo Zapatero -es decir, de un político populista, oportunista y absolutamente irresponsable-, acaba de confirmarse, en relación con el primero de los dos, de la peor manera imaginable.

Madina, rompiendo de forma radical con la posición que el PSOE ha venido sosteniendo hasta la fecha, proclamó el lunes que apoya una consulta de autodeterminación en Cataluña. Esa inconcebible, por frívola hasta el extremo, promesa de Madina, que recuerda inevitablemente la que Zapatero realizó asegurando que, si llegaba a presidente del Gobierno, apoyaría sin tocarlo el nuevo Estatuto que aprobase el Parlamento catalán, podría tener efectos devastadores, similares a la primera, sobre la convivencia entre España y Cataluña y, lo que no es menos importante, sobre el consenso entre dos los grandes partidos en que se sostuvo hasta la llegada al poder del leonés el modelo autonómico español.

El Gobierno del PP ha podido mantener su absoluta negativa a convocar un referendo de autodeterminación -que, fuera cual fuese el resultado, significaría de forma irreversible el primer paso para la secesión de Cataluña- gracias a haber contado con el leal apoyo del PSOE. Sin ese apoyo, la cuestión del referendo catalán abriría un enfrentamiento civil entre la izquierda y la derecha muy superior al que se derivó del apoyo socialista al nuevo Estatuto catalán, origen de todos los males que hoy acechan a nuestro sistema de organización territorial.

En realidad, la alocada promesa de Madina -que se desdice a sí mismo con idéntica tranquilidad con que lo hacía Zapatero, otro marxista, igual que él, de Groucho Marx: aquí están mis principios, si no le sirven, tengo otros- demuestra, por si hiciera alguna falta, dos cosas, que nadie con sentido del Estado debiera olvidar: primero, que el PSOE es una pieza básica en el sistema político español, pues solo él, en la izquierda, está en condiciones de asegurar una alternancia democrática compatible con la estabilidad; y segundo, que, por desgracia, ese partido está hoy al borde del abismo, pues se derrite (según sostenía este domingo, con expresión difícil de superar, Fernanda Tabarés) como consecuencia de la mala cabeza de sus dirigentes, en medio de una cósmica confusión ideológica a la que deben hacer frente candidatos cuya capacidad está muy por debajo de sus responsabilidades.

El PSOE corre el riesgo de convertirse en un partido irrelevante, arrasado por su incapacidad para estar a la altura de los desafíos del país. Un riesgo muy peligroso para el PSOE, pero sobre todo para España: basta mirar a Italia para saber adónde podríamos llegar.

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