Sobre el PIB y la riqueza de las naciones


Para los que dudamos de que el PIB (Producto Interior Bruto de un país) mida el bienestar social, las modificaciones asumidas en la UE en su sistema de cuentas para incorporar nuevas actividades, algunas ilegales, en el mismo provocan una mezcla de asombro y preocupación.

Esas mismas dudas ya las tenía en el año 1934 un economista como Kuznets (premio Nobel y actor de primera fila del sistema de cuentas nacionales de EE. UU.) y se prolongan hasta un reciente y voluminoso informe coordinado nada menos que por J. Stiglitz, A. Sen y J.P. Fitoussi en 2010 (que está disponible en castellano en un resumen publicado en el 2013 por RBA con el título Medir nuestras vidas. Las limitaciones del PIB como indicador de progreso).

A los que tenemos esas dudas nos asombra que se incluyan (aunque es obvio que mueven mucho dinero y empleo) actividades remuneradas vinculadas a bienes (drogas), comercio (contrabando) o servicios (prostitución) ilegales, y que no se haga lo propio con actividades no menos importantes de la economía oculta o negra, también remuneradas, como las vinculadas a todo el trabajo clandestino o no declarado en general, o al comercio y servicios irregulares y sin facturas.

Puestos a empezar a evaluar un agujero negro y oculto de nuestras economías, quizá sería preferible que un par de árboles no nos impidan ver el bosque. Sin perjuicio de que todas las drogas se vendan en bares, estancos o farmacias según el caso. Y que todas las actividades de servicios personales paguen sus impuestos, seguridad social, cumplan con los derechos humanos y con lo que la Organización Internacional del Trabajo considera un trabajo digno.

Pero, ya puestos a la tarea de no dejar fuera de las cuentas nacionales nada que aporte empleo, riqueza y bienestar, más aún preocupa que sigan sin considerarse, por el mero hecho de que no mueven dinero efectivo, otras actividades de la denominada economía en la sombra. Singularmente, el trabajo en el hogar, el trabajo voluntario y el autoconsumo. Actividades útiles y necesarias que, paradójicamente, solo al no realizarse pasan a incrementar el PIB. No suman si la comida se hace en casa o si la vivienda es propia, pero sí si se come fuera o se vive de alquiler.

Por último, y no menos importante, habría que analizar con mucho detalle qué cosas de las que ahora se incluyen ya en el PIB están anotadas por un valor monetario excesivo (al no tener en cuenta, por ejemplo, sus efectos negativos sobre la salud o el medio ambiente, daños que debieran restarse de su presunta aportación), o bien otras que, estando anotadas en el PIB, lo están por una valoración que no tiene en cuenta beneficios no monetarios de las mismas (pongamos por caso el valor de la igualdad de acceso a servicios públicos preferentes como la sanidad o la salud).

Y aún después de hecho todo lo anterior, no debiera uno confundir el crecimiento de la riqueza que mide el PIB con el desarrollo o bienestar social. Ni menos aún creerse el cuento chino de que lo primero (crecimiento) trae de la mano lo segundo (desarrollo).

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