Jugar desde el banquillo


No nos engañemos, Susana Díaz no ha abdicado de dirigir el PSOE. Tan solo aplaza su salto a Madrid. Lo aplaza porque a nadie se le oculta que, tal y como están las cosas, lo mejor es aguardar pacientemente y encontrar alguien al que poder decirle eso de «vai ti diante que a min dame a risa».

Puede hablarnos Susana de que quiere cumplir su palabra con los andaluces o de que así ayuda a vertebrar España. Puede tratar de convencernos de que es lo mejor para todos. Pero lo es para ella. El panorama que pinta en Ferraz resulta desolador. Con los peores resultados electorales de la historia, con una creciente guerra de guerrillas, con un discurso añejo y una indefinición incomprensible sobre la futura forma de Estado, los socialistas no dan para cerrar goteras.

Y con este panorama, Susana se ha decidido a aguardar. A esperar que amaine el temporal, que alguien se la juegue tratando de poner orden para poder dar el salto como la gran salvadora. Desde su cortijo andaluz, donde es dueña y señora; desde la distancia va a observar los movimientos, guantazos, puñaladas y resbalones de quienes se aventuren a querer enderezar el rumbo del partido. Y cuando deje de diluviar, llegará la joven Susana, como la gran salvadora. Ya nos sabemos la lección.

Así que, no nos engañemos. Nada de renuncias inocentes. Susana juega al segundo tiempo, que es cuando se deciden los partidos. Porque ahora mismo, con lo embarrado que está el campo y con lo que llueve, lo prudente es quedarse en el banquillo. Que es otra forma de jugar.

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