Palo a los grandes, aliento a la protesta


El bipartidismo ha sido el gran perdedor en la Unión Europea y en España. En la Unión, porque de los 751 escaños del Parlamento Europeo, la derecha tradicional (PPE) y la izquierda socialdemócrata (PSE) han conseguido unos 400 escaños. Los 350 restantes pertenecen desde ayer a grupos minoritarios, entre los que se encuentran los euroescépticos, los radicales y... los nazis. Juncker puede gobernar? si le deja Schultz, a quien los liberales han ofrecido su apoyo. En buena lógica, la Comisión Europea debería ser gobernada por una gran coalición tipo Alemania.

Y en España, porque los dos grandes partidos han perdido más del 30 por ciento de los votos. Ha sido un palo muy duro, solo reconocido por el Partido Socialista, porque el Popular se ha consolado con ser uno de los pocos partidos gobernantes que no han perdido las elecciones. Y los beneficiados de la debacle de los grandes han sido las minorías, Izquierda Unida y UPyD, y un auténtico prodigio: el espectacular despegue de Podemos, que, con un solo candidato conocido, se ha encaramado a la cuarta posición y consigue cinco escaños. No hay otra forma de entenderlo que esta: Pablo Iglesias ha conseguido conectar con el 15-M y con las demás protestas sociales.

¿Qué efectos tendrá todo esto es la política interna? Pues no muchos, a juzgar por la reacción del PP. A pesar de perder ocho escaños en Estrasburgo, dos millones de votos, ser derrotado en Andalucía y quedarse con un modestísimo 9 por ciento en Cataluña, no recibe ningún mensaje y entiende todo como una confirmación popular de su política. Más dramático es el panorama en el Partido Socialista. Yo no descarto, después de escuchar anoche a Elena Valenciano, que haya una retirada de Pérez Rubalcaba, inmediata o anunciada para el próximo otoño. Se abre, por tanto, una crisis intensa y de incierto desenlace. El partido queda mordido por su izquierda. Seriamente mordido y necesitado de refundación.

Por si faltara algo, también es muy relevante lo ocurrido en Cataluña. En las elecciones del 2009, el motor de la independencia, Esquerra Republicana, era la cuarta fuerza política. Ahora, según datos que no han sorprendido, pasa a ser la primera. Hubo una importante movilización del electorado, y el electorado que se movilizó ha sido el independentista. Apuntemos el dato, porque es el que marca el destino de la relación de Cataluña con el Estado español. Artur Mas, que suma una nueva derrota, pero sigue diciendo que «ni un paso atrás», no es bueno para esa relación. Pero un Oriol Junqueras con más fuerza y posibilidades de gobernar es lo peor a efectos de unidad.

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Palo a los grandes, aliento a la protesta