Éxito y circunstancia de un libro


No creo que haya otro caso siquiera parecido en toda la historia de las ciencias sociales: en unos pocos meses, un investigador serio y riguroso se convierte en una celebridad a quien se compara con las estrellas de rock, y su libro de setecientas abstrusas páginas llega a encabezar las listas de ventas en varios países. El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty, es efectivamente, ahora mismo, el libro del que todo el mundo en todas partes habla, originando notables controversias académicas y políticas cuando aún se están preparando las traducciones a la mayoría de los idiomas.

El libro muestra, sobre un poderoso soporte empírico, que la dinámica propia del capitalismo conduce a la creciente concentración de la riqueza en pocas manos. Desde los años setenta esa tendencia habría avanzado con enorme fuerza, tras varias décadas en que ambiciosas políticas públicas a favor de una mayor igualdad consiguieron contrarrestar esa dinámica de base. Y así habríamos llegado a una especie de «capitalismo patrimonial» en el que la desigualdad presenta una dimensión desconocida desde principios del siglo XX.

No todo en el análisis de Piketty convence, pero su argumento principal es muy sólido. Sin embargo, la cuestión más interesante es: ¿cómo se explica esa enorme proyección pública?; ¿por qué ahora? Debe saberse que buena parte de esos razonamientos ya han sido defendidos por otros investigadores (entre ellos, el propio Piketty con distintos colaboradores) desde hace varios años, sin que apenas trascendiera los círculos más especializados. En mi opinión, dos razones fundamentales explican su éxito. En primer lugar, es un argumento que da en la diana del problema más sentido por amplísimos sectores sociales desde la explosión de la crisis: la rampante desigualdad, que origina un grado de malestar que ya había sido olvidado en las sociedades desarrolladas. La segunda razón es que la línea argumental de El capitaI? ayuda a llenar el hueco gigantesco abierto en la ideología de los partidos socialdemócratas a lo largo de las últimas décadas, hasta llegar a su actual estado de desorientación estratégica: he aquí una oportunidad para que esos partidos consigan reintroducir en su agenda uno de sus temas clásicos, utilizando argumentos de gran respetabilidad académica. Y es que durante los último treinta años, la mayoría de los avances en el razonamiento económico han ido en dirección opuesta, la de reforzar ya no la economía, sino la «sociedad de mercado», a la que la socialdemocracia se ha ido adaptando malamente. «De las tendencias más dañinas para una economía sana, la más venenosa es poner el foco en la distribución», decía hace diez años un reconocido premio Nobel sin que apenas nadie se atreviera a replicar. Eso es lo que el fenómeno Piketty está haciendo cambiar rápidamente.

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