Europa, Europa


Europa no es un despacho, es un camino, decía una pintada que alguien borró por subversiva del muro de un instituto. Creo que, visto lo que vino después, el grafitero ya casi se conformaría con la UE en versión moqueta burocrática. Porque estamos en las tres semanas cruciales para la vertebración de Europa y es como para bajarse del bus en marcha. O incluso para pedir plaza en el centro social de Berlusconi. El azar ha concentrado en solo 21 días las dos fiestas del orgullo friki que definen el mapa genético del continente y sus islas: la Eurovisión de Conchita Salchicha y las elecciones al Parlamento Europeo. ¿Cómo era aquello que decía Pajín de la conjunción astral de acontecimientos planetarios? Pues eso.

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