El alumno pelota y los capataces de la troika


Con apenas una semana de diferencia hemos conocido las previsiones económicas a medio plazo del Gobierno y de la Comisión Europea. Las del Gobierno concretan los objetivos del programa de estabilidad que debe evaluar la Comisión Europea. Algunos de esos objetivos son puras previsiones. Es el caso de lo relativo al crecimiento económico o al empleo. Pero otros de esos objetivos del programa son algo más que previsiones. Es el caso de los ingresos y gastos públicos donde el Gobierno tiene mucho que decir para intentar reducirlos o ampliarlos.

En ese programa del Gobierno para 2013-2017 el objetivo en relación a los gastos públicos es de nada más -y nada menos- que de una reducción de cuatro puntos del PIB (unos cuarenta mil millones de euros, del 44,4 % al 40,1 %). De cumplirse ese objetivo de recortes del gasto, como el Gobierno declara perseguir además un aumento de los ingresos en un punto del PIB, el conjunto de la consolidación fiscal (son cuatro puntos de menos gastos y un punto de más ingresos) permitiría reducir el déficit en cinco puntos. Seríamos alumnos ejemplares de la austeridad. Para satisfacción del Gobierno de Gran Coalición alemán que manda en Europa.

Lo que sucede es que cuando se comparan nuestros niveles de gasto, en relación a la riqueza nacional, con el referente medio de los países del euro en las previsiones oficiales de la Comisión Europea, lo que se observa es que tenemos un diferencial de cinco puntos menos de recursos, en relación al PIB, para suministrar los servicios públicos necesarios a la población. No obstante el programa de estabilidad enviado por el Gobierno a Bruselas lejos de buscar la convergencia o acercamiento con la media europea lo que hace es alejarnos de ella.

Y este alejamiento tiene detrás a millones de damnificados: desde los pensionistas y funcionarios, que verán perder su poder adquisitivo, desempleados sin cobertura, excluidos, dependientes o sin techo sin protección, usuarios de servicios sanitarios, el acceso y calidad de nuestra educación, etc., etc. Eso sin olvidar que un menor consumo e inversión pública lastrará esa demanda interna en la que el Gobierno centra buena parte de sus esperanzas de recuperación económica. Son los daños colaterales que causa el alumno pelota de la troika.

¿Habría otra senda posible de consolidación?, o bien, como sostienen no pocos propagandistas, ¿es esta la única alternativa seria y realista? Sin duda existe otra opción: converger en ingresos y gastos públicos con la media de la eurozona.

Eso supone no reducir, sino incrementar el gasto público en cinco puntos del PIB para evitar todos aquellos daños colaterales. Ya?, dirá el lector crítico, ¿y de dónde salen los ingresos para no agravar el déficit? Pues es sencillo de decir: bastaría con converger también en ingresos públicos con la media de la eurozona. Pasar en España de un actual 38 % del PIB a un 47 % (cifra de la Comisión Europea). Resultado: nueve puntos de más ingresos menos cinco puntos de más gastos, igual a cuatro puntos menos de déficit y sin daños sociales colaterales.

Pero los capataces españoles de la Gran Coalición alemana (que incluso podrían clonar aquí, llegado el caso, una del PP y PSOE) no dude que le repetirán airados que eso son tonterías, que no hay alternativa.

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