La izquierda infiel, la idea de Europa


Desde luego que, políticamente hablando, la izquierda es más infiel. Lo es en parte porque en la otra orilla no hay alternativa y el voto se concentra en un partido que sistemáticamente no gana, arrasa. Las europeas, este ensayo de municipales, en lo que respecta a Galicia, no serán distintas. Tampoco serán lo mismo, porque incluso pese a los delirios de Beiras el desencanto se traduce en más votos para IU y para el autor de O atraso económico de Galicia, cuyo título sigue vigente. El BNG tiene un problema que ni cien visitas de Bové resolverán. Tampoco arrimarse a Bildu. AGE sigue rondando su barrio, pero el Bloque aún deja la llave bajo el felpudo, y ahí está el resultado: si el BNG fuera hoy un país, sería Ucrania. El PSOE no debería cantar victoria por el hecho de ganar nueve puntos respecto a las últimas autonómicas. Pero lo hará. Hablarán de un efecto Besteiro, un efecto Blanco, o lo que sea, todo con tal de tapar otra derrota. Ni están ni se les espera. El problema para el PP es que no para de ganar y el día que pierda, que llegará, puede acabar como acabó UCD. En fin, la connivencia con la crisis hace daño por igual a los grandes partidos, cada día más pequeños, y a la democracia, con una abstención que roza ya el 60 %. El voto en blanco, el descontento activo, ya es la tercera fuerza. A pesar de todo, la mayoría del electorado quiere a Europa, pero no a esta Europa que, si pretende ser otra cosa, lo único que ha conseguido es transmitir la imagen de una camarilla de políticos/lobbystas a la caza de retiros dorados, a quienes les importa cero que a los europeos les hayan recortado hasta el aire que respiran. Lo extraño, o no, es que quienes pueden cambiar el mundo con su voto hayan decidido, de antemano, quedarse en casa.

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