Radar cazafantasmas


Hoy que estamos de puente y el cuerpo nos pide alegría, cantemos todos juntos. ¡Cuánto van a recaudar, matarile, rile, rile! Digo que cantemos todos porque es lo que nos queda. En unos días entrará en servicio el radar aéreo en el que nos hemos gastado lo que no tenemos y entonces aumentará la recaudación, que es lo que pretende, y podremos al fin saber qué obra de García Márquez iba leyendo ese fantasma suicida con el que nos topamos en periódicos y televisiones mañana, tarde y noche. Porque parece como si sacando el helicóptero cazafantasmas al aire fuésemos a solucionar los accidentes que en los últimos meses se vuelven a disparar.

¿El radar Pegasus va a mejorar el estado de las carreteras que han vuelto a niveles de los años ochenta? ¿O el de los coches que no visitan un taller porque sus dueños se han quedado sin blanca? ¿El Pegasus nos va a solventar los puntos negros que se vienen denunciando y a los que no se les presta atención? ¿Y nos va a arreglar los recortes en señalizaciones y mantenimiento? No, el radar aéreo Pegasus está programado, pensado y diseñado para incrementar la recaudación de un Estado insaciable.

Dicen estar muy preocupados por nuestras vidas. Bien. Y por eso se dotan de radares aéreos. Será para ver cómo sorteamos los socavones de nuestras carreteras. Y para recaudar, claro. Así que cantemos: ¡Cuánto van a recaudar. Matarile, rile, ron. Chimpón!

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