¡Que se besen!


Nada como la sabiduría popular para resumir lo vivido ayer en el pleno de Vigo: ¡Que se besen, que se besen!, gritaba el público, ironizando con un pacto contra natura entre el PSOE y el PP, que llaman consenso a lo que en realidad es solo compadreo. Si Suárez levantara la cabeza... En nada ha beneficiado Caballero a Vigo si exceptuamos al fabricante de placas con la leyenda «Alcaldía» sembradas por la ciudad, una manera tan burda como penosa (para el bolsillo de los vigueses) de intentar pasar a la historia. Resulta que no necesitaba esas placas Caballero, porque sí será recordado por reírse, de una tacada, de Vigo y de los vigueses, de Feijoo, de Besteiro y de Pondal. Escuchar de una presunta socialista como Carmela Silva, su número dos, acumuladora de cargos y dietas, llamar «bos e xenerosos» a los populares es para alterar incluso al líder de los socialistas gallegos, tan alérgico a pisar charcos. Pero ni Besteiro ni Feijoo, al que Caballero envía sus sapos y culebras todas las mañanas, van a perder el tiempo en frenar ni investigar el porqué de este despropósito. No quieren saber nada de lo que pasa en Vigo, lo cual demuestra que falta en Galicia valentía política. El pacto de desgobierno es más una broma que un pacto, pues en auxilio del colérico Caballero (hasta en la carcajada asusta) tenemos a Chema Figueroa, quien ayer firmó su suicidio político, si es que no estaba ya muerto. Ni los votantes del PP en Vigo quieren a Caballero de alcalde ni los socialistas esta comedia sospechosa. Pero ellos a lo suyo. Que se den un beso de tornillo. Aunque no les quepa duda de que si son felices y comen perdices, esas, las perdices, no las van a pagar, ni Abel ni Figueroa, de su bolsillo.

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