La alerta del Fondo Monetario Internacional


En medio de la campaña de propaganda que a medida que se acercan las citas electorales arrecia más y más, ha caído como una fardo la alerta lanzada por el Fondo Monetario Internacional sobre lo muy expuesta que la economía española se encuentra frente a la amenaza de deflación. No es, en todo caso, ninguna novedad, pues hace varios años que frecuentamos esa amenaza, ni algo que concierna únicamente a España, sino al conjunto de la UE. Lo que llama poderosamente la atención es que un organismo del que estamos acostumbrados a escuchar requisitorias sobre el problema opuesto, los procesos inflacionarios, formule ahora una advertencia tan solemne y precisa que nos sitúa como exponente máximo de ese nuevo peligro. Conviene aclarar que hablamos de eso, de un peligro, y no de un hecho con el que ya convivamos: lo que ahora se da es un proceso de mera desinflación, o si se prefiere, estamos en presencia de fuertes tendencias deflacionistas. Pero eso todavía no es la temida deflación, la cual exige que esas tendencias se consoliden en una dinámica autosostenida (lo mismo que ocurre, en sentido contrario, con la inflación). ¿Por qué se considera la deflación un mal muy profundo de un sistema económico? Pues básicamente por lo que tiene de síntoma: cualquier economía capitalista que la sufra estará evidenciando una notable falta de dinamismo interno, es decir, padecerá un síndrome de anemia: de lo que en realidad, por tanto, el FMI nos está avisando es de la posibilidad cierta de un estancamiento económico prolongado.

Pero más allá de esa condición sintomática, la deflación puede convertirse en un factor de notable agravamiento objetivo del que sigue siendo el principal desequilibrio de la economía española, el elevado grado de endeudamiento. La caída de los precios encarecería sin duda el servicio de las deudas públicas o privadas (más que compensando los bajos tipos de interés), por lo que el inevitable desapalancamiento financiero de los próximos años sería más doloroso.

Ya queda dicho que otros países conviven también con este riesgo. El conjunto de la eurozona estará por muy debajo del objetivo de inflación -el 2 %- al menos durante los próximos dos años. Es muy revelador, en ese sentido, que el mayor halcón de la lucha contra los molinos de la inflación -Jens Weidmann, presidente del Bundesbank- reconozca al fin que estamos ante una amenaza nueva y distinta. Pero lo nuestro parece ser particularmente grave, o al menos es lo que sostiene el FMI. Por eso una reacción, sobre todo por parte del BCE, nos urge más que a los demás. Porque si llegáramos a entrar en la trampa de la deflación, los japoneses saben mucho de eso, difícil nos sería salir de ella.

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