Un sistema anquilosado y esclerotizado


Nuestra clase política hizo estos días piña en torno a un difunto expresidente que en su día entre todos se sacaron de en medio. Porque tanto el socialismo español, primero, como la derecha española, después, habrían coincidido en que el centro era de ellos y que ni UCD ni CDS tenían sentido. Los primeros (González) se auparon sobre un centro y derecha desunidos, y los segundos (Aznar) recogerían ya para ellos solos toda la cosecha electoral. Y es así cómo un bipartidismo a cada paso más monárquico y autonomista se turnó en la Moncloa. Haciéndose colegas de la Zarzuela o de las minorías catalana y vasca, que se dejaban querer siempre que sacasen algo positivo de sus apoyos. Y es así que surfeamos la abundancia de la burbuja inmobiliaria y del euro hasta que pasó lo que pasó.

En la oposición prometiendo, al respectivo electorado más radical, unos la unidad de España y otros, ahora sí, la redistribución social. Aunque llegados a la Moncloa unos pactasen con los presuntos separatistas y los otros con el sector financiero. Y todos haciendo amigos en las constructoras, concesionarias, energéticas y demás.

Siempre copando el centro del campo. Con el adversario tirado al monte, mucho mejor. Ya fuese el monte del fundamentalismo religioso o bien el monte de un presunto libertinaje de la moral pública.

Después de vivir de este teatrillo durante treinta años, ahora comprobamos que el sistema está anquilosado y esclerotizado en tal alto grado que el descrédito de todos sus actores (gubernamentales, monárquicos, autonómicos, clericales, municipales, judiciales, etcétera) es ya de juzgado de guardia. Ahora acecha una hecatombe y desafección electoral por parte de aquellos indignados que, aún, piden dignidad. No obstante, cuando el bipartidismo barrunta su hundimiento quizás podría suceder lo impensable. Que acuerden conformar una gran coalición. Para una reforma federal de la Constitución, para una reforma fiscal que nos homologue con Europa en aflorar economía sumergida y carga fiscal efectiva, para financiar así una política sostenible y no discriminatoria de bienestar social (dependencia incluida) desde el sector público, con una posición europea en la que los países deudores no sean los paganos de los acreedores, en la que el sector financiero no asfixie al industrial, para un país en el que no haya ciudadanos de primera y luego el resto; y así sucesivamente.

Con un acuerdo de tal calado tendríamos en España una gran coalición, de socialismo y derecha, como la de nuestros vecinos alemanes. Aunque va a ser que ellos sí la necesitan, y nosotros nada de eso. En estos parajes una tal superación de lo anquilosado y de lo esclerotizado ni está... ni se la espera. Seguiremos valorando, si el otro se hunde algo más que yo, la mera supervivencia como un éxito. Aunque el barco nacional tenga ya vías de agua por todas partes.

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Un sistema anquilosado y esclerotizado