El fantasma de la xenofobia amenaza a Europa

Manuel Lago
Manuel Lago EN CONSTRUCCIÓN

OPINIÓN

28 mar 2014 . Actualizado a las 10:11 h.

Si se materializa el proyecto del Gobierno alemán de expulsar a los inmigrantes sin empleo -aunque sean originarios de países de la Unión Europea- estaríamos ante un golpe mortal a los principios inspiradores de la construcción europea: la libre circulación de las mercancías y de las personas. La unión económica, el mercado único para las empresas y el capital, se ha desarrollado a gran velocidad y ya es una realidad desde hace años. Sin embargo, la unión política, y sobre todo la social, con un enorme retraso, está ahora bajo amenaza de un retroceso inaceptable.

La movilidad de la personas en Europa es cuantitativamente irrelevante: menos del 3 % de los ciudadanos comunitarios viven en un Estado diferente a donde nacieron. Y ahora desde Alemania, el corazón del proyecto, se quiere limitar todavía más. Es otra vez el triunfo de la Europa de los mercaderes, que desdibuja el proyecto de crear un nuevo sujeto político y social, los Estados Unidos de Europa, para volver a ser una zona de libre cambio, una unión aduanera, un espacio tan solo para el negocio.

Actúan contra los inmigrantes pobres, justamente los que más necesitan de la oportunidad para una vida decente que le pueden ofrecer los territorios más ricos. Porque la UE es un espacio desequilibrado, con enormes diferencias en niveles de riqueza, de bienestar y de empleo que ahora, con la crisis, se agrandan. Con economías como la española, con millones de parados, y otras, como la alemana, que necesitan trabajadores.