Los aplausos y los votos


Quizás estemos en otra transición, hacia la verdadera política. Es distinta a la transición con T mayúscula de hace algunos años. Adolfo Suárez demostró que se puede dejar el cargo y seguir viviendo. En esta transición, con t minúscula, está prohibido conjugar el verbo dimitir en primera persona. Nadie dimite. Si acaso, lo dimiten, aunque más bien poco, como si todos tuvieran algo que temer, o esconder. Se ha dimitido, eso sí, de la política, del debate, de la negociación. No hay acuerdos de país. Anteayer mismo lo reclamaba una conselleira para frenar la sangría demográfica que, parece que ahora, oh descubrimiento, la Xunta ha visto, seguramente aún solo de reojo. Pues no habrá pacto de país. Porque no hay generosidad ni en los unos ni en los otros. Solo hay sillones y sofás de los que no se mueve nadie. ¿Quién ha perdido la memoria, Suárez o esta clase dirigente? Ahora, la política solo es bronca y reproche, y visitas al juzgado: te voy a denunciar porque tú me denunciaste y no me lo merezco; yo solo intentaba resolver el problema de alguien que lo está pasando muy mal; señora jueza, soy un santiño; no sé lo que es un Rolex... Galicia, así, se queda en nada: está en la página de sucesos políticos, demográficos, laborales, industriales. Ahora, y durante las próximas semanas, nos van a contar que existe Europa más allá de la Eurocopa. Que es importante Europa. Que es importante la política. Que hay que votar. Y así, hasta la próxima, y si te he visto no me acuerdo. Están tan alejados de Galicia que parece que viviéramos más allá de Orión. Puede que se hayan tomado en serio lo que dijo, en broma, Adolfo Suárez: «Que me aplaudan menos, que nos voten más». Pues lo están haciendo tan mal que el panorama es este: prácticamente ya no hay aplausos, se están empezando a quedar sin votos.

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