Agosto y las asfixiantes familias


Asfixiantes. O más bien, directamente, abrasadoras. Así propone que son a veces las familias el autor Tracy Letts en su genial obra de teatro, Agosto. Un texto que se llevó el Pulitzer y que no deja de ser adaptada en todo el mundo. Y es el que el lenguaje de las relaciones familiares lamentablemente es muy compatible sea cual sea la nacionalidad. Da igual que seas de Oklahoma que de A Cañiza. Hay algo tan enorme en el despliegue de golpes de Letts que deja los parentescos sobre la lona que ha provocado que Hollywood haya hecho una superproducción con todas sus grandes actrices en faena. Y, aunque Meryl Streep y Julia Roberts están excesivas (no es una novedad), la película Agosto que está en cartelera sobre la obra del mismo nombre es abrumadora. No queda hermano, ni primo, ni hijo, mi madre, ni abuela a salvo. Pero se agradece ese derroche de casi bestial sinceridad. La crítica lo ha tenido fácil. Lo que escribió Letts, y teatralizan Meryl Streep como la madre o Julia Roberts como una de las hijas, es lo que hubiesen escrito hoy en día Eugene O'Neill, Tennessee Williams o Edward Albee, pero con móviles que suenan en el peor momento. Veneno, veneno, veneno y algún destello de sabiduría: «Mis libros son mi último refugio. Placeres sencillos, como encontrar cebollas silvestres al borde de un camino, o como encontrar un amor feliz».

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Agosto y las asfixiantes familias