Bankia también es política


Normalidad, normalidad... Este es el mantra que entona a diario el presidente Rajoy. Su discurso en el debate de la nación tenía ese eje transversal y la venta de Bankia es una parte sustancial del mismo. Quiere convencernos de que ha sido capaz, en dos años, de taponar las vías de agua, y de este modo lanzar la idea de que también estará en sus manos devolvernos al bienestar del 2006, al paraíso perdido.

De Guindos habla de las lecciones pedagógicas que esta venta dará al mundo. Del mensaje que lanzaremos a los mercados financieros. Pero a estos nada hay que decirles, ya saben que la banca española ha salido de la uci, o ¿creen que si tuvieran alguna duda tendríamos la rentabilidad del bono a diez años al 3,4 % y la prima holgadamente por debajo del 200? No se engañe, la venta de Bankia es un mensaje, pero interno, diseñado para que lo escuchemos usted y yo. A gritos nos están diciendo que se ha acabado una etapa, y si le entraban dudas le han mostrado cómo los mercados se pelean por una entidad tildada hace meses de apestada.

Es cierto que los mensajes positivos son fundamentales para levantar ligeramente la cabeza, pero tampoco hemos de ser tan ilusos como para ignorar que todo tiene un coste, y en el caso de la venta acelerada de Bankia parece evidente: estamos vendiendo barata la única entidad capaz de ayudarnos a pagar los 40.000 millones de euros del rescate financiero.

Este Gobierno, capaz de hacer regates magistrales, está mostrando una sorprendente habilidad para perder los partidos ganados. Subestima a la sociedad. Bankia es un nuevo ejemplo. A excepción de Bélgica o Estados Unidos, que vendieron con beneficios bancos nacionalizados, el resto de los países siguen esperando a que los mercados financieros alcancen una mayor solidez. Si hubieran querido liquidar sus participaciones, como España, hace tiempo que lo hubieran hecho. Pero no. Entienden que sus votantes reclaman coste cero. Aquí nos creemos que la sociedad traga todo. Y quizás tengan razón. Pero esta docilidad apestante que nos caracteriza no nos ha vuelto estúpidos. Es vox populi que los valores bursátiles de los bancos están muy por debajo de lo razonable, que su capacidad de hacer negocio sigue muy mermada y, por tanto, que su capitalización bursátil aún está lejos de lo esperable en un entorno de normalidad. Que vender barato no es normal, es derrochar, y para eso hace tiempo que no estamos.

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