El optimista estado económico de la nación


En el contexto de las nuevas previsiones económicas para la Unión Europea y España conocidas ayer, los optimistas números que daba nuestro presidente -en el inicio del debate sobre el estado de la nación- tienen un encaje preocupante.

Porque aunque el crecimiento este año y el que viene fuese el que ahora nos pronostica la Comisión Europea seguiríamos muy por debajo de la UE y en la mitad del previsto para el Reino Unido o EE.?UU. Porque con ese crecimiento la tasa de paro en el 2015 sería aún semejante a la anotada en el 2012. Es decir, que nuestro presidente llegaría a su reelección con el mismo desempleo con el que inició su mandato.

Quizás por eso mismo los asesores del presidente le han sugerido una rebaja de los costes de la Seguridad Social para las empresas, para ver si así el empleo aumenta. Aunque con un crecimiento basado solo en el exterior (mercancías y turismo) y con un mercado laboral dual lo más probable es que sea, si acaso, un incentivo para transformar empleo de calidad por empleo devaluado. Eso sin hablar de que esa medida agravará aún más los escenarios de déficit público.

Porque en las previsiones económicas que abrazó ayer el presidente ya se dice que nuestro déficit público será en el 2015 del -6,5 %, lo que obligará a nuevos paquetes de ajuste. Y en las mismas no se podían aún tener en cuenta ni aquel descenso de cotizaciones, ni una rebaja del IRPF para el 2015. Dos medidas que acumuladas a aquel -6,5 % obligarán a la Comisión a proponernos nuevos recortes y programas de ajuste y a que el presidente tenga que abandonar tan generosas intenciones.

Y ello aunque, sin esa nueva vuelta de tuerca, el consumo público (empleo y salarios) y la inversión pública se nos diga que seguirían evolucionando muy por debajo de la media europea. Como también lo harán nuestra demanda interna y nuestro consumo privado.

De manera que los sectores de rentas bajas y medias (los que iban a ser beneficiarios de aquella rebaja fiscal) tendrán que bailar en solitario con unas previsiones de remuneración del trabajo en términos reales que en el bienio 2014-2015 estarán congeladas de acuerdo con la previsiones de la Comisión Europea. No podrán paliar por vía fiscal la pérdida de capacidad de compra que vienen soportando en sus ingresos.

Por ambas vías, desempleo y consumo privado estancados, la economía española seguirá atrapada entre las medidas para reducir el déficit público y la depresión interna que esas mismas medidas causan en nuestra economía. Y, aunque suene paradójico, tendremos en 2014-2015 un saldo de nuestra balanza por cuenta corriente tan positivo -en esto sí- como la media de la UE, mientras que lo que la gente llama economía real (reducción del paro, mejora de la renta disponible o no deterioro de los servicios públicos) tendrá que esperar, si acaso, para otra legislatura.

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