Rosendo Salvado: precursor de Mandela y Ferrer


La Australia a la que llegó Rosendo Salvado en el año 1846 era una colonia inglesa que solo bien entrado el siglo XX cobró creciente soberanía (aún hoy su reina es Isabel II). La Sudáfrica en la que nace Nelson Mandela en 1918 estuvo bajo control británico hasta 1961. Y la India a la que llega Vicente Ferrer en el año 1952 solo había dejado de estar bajo dicho control apenas cinco años antes. ¿Que comparten estos dos últimos -y muy populares- personajes con el primero, además de vivir en países en los que colonos británicos dominan a una población aborigen no occidental?

Rosendo Salvado comparte con Nelson Mandela el haber luchado activamente contra el apartheid, la exclusión y el exterminio de los negros aborígenes (australianos o sudafricanos, según el caso). Mientras el segundo abrió el primer bufete de abogados dirigido por negros en el año 1953, cien años antes el primero demostró que los negros australianos eran capaces de ser profesores o telegrafistas. Compartieron la idea de la lucha contra la segregación racial, por la convivencia igualitaria y la reconciliación.

Si Nelson Mandela encargó al arzobispo Desmond Tutu el presidir la Comisión para la Verdad y la Reconciliación en Sudáfrica, Rosendo Salvado fue un muy singular obispo en una Australia Occidental en la que defendió cien años antes semejantes ideas. Y es algo más que una casualidad que si la relación entre rugbi y apartheid dio un vuelco en la Sudáfrica de 1995, hubiese dado un vuelco semejante cien años antes en Australia por obra y gracia de un equipo de críquet formado por negros de la misión en la que era abad Rosendo Salvado.

Rosendo Salvado comparte con Vicente Ferrer el haber llevado a tierras de los nativos (australianos o indios) las herramientas culturales, sanitarias, de vivienda, agua o de técnicas agrícolas que favorecen la digna supervivencia de los pueblos a los que se acercan. Uno en el año 1846 y el otro en 1952. Comparten también el haber dado menos importancia a la oración (uno como benedictino y el otro como jesuita) o a los privilegios de su condición, que a la acción y a la transformación social. Utilizando ambos su prestigio para financiar la construcción de escuelas, viviendas, hospitales y explotaciones agrarias viables.

Vicente Ferrer habría amplificado a gran escala, en la región india de Anantapur, una experiencia que Rosendo Salvado ya había realizado un siglo antes en Australia Occidental. Cierto que mucho tiempo atrás tareas semejantes las habrían realizado otros jesuitas (por ejemplo, en el recién colonizado Brasil). Pero hay que decir en favor de Rosendo que él ayudó a aborígenes negros, mientras que los negros llegados a Brasil eran esclavos a los que aquellas misiones jesuíticas tenían poco que ofrecer (por estar centradas en los nativos blancos del país).

Este paralelismo con dos gigantes, y muy populares hoy en día, protagonistas mundiales de la lucha contra la discriminación social y racial convierten el actual bicentenario de Rosendo Salvado (Tui, 1814-Roma, 1900) en una magnífica ocasión para reivindicar el valor humanístico y social de sus afanes australianos.

Digo bien valor actual porque habrá que esperar al año 1992 para que la Corte Suprema de Australia anule el concepto de tierra de nadie (terra nullius) que impedía a los negros aborígenes australianos defender aquello que Rosendo Salvado tuvo muy claro cien años antes.

Para paliar el actual desconocimiento de estos hechos, el próximo sábado 1 de marzo con este diario se distribuirá un libro que es una crónica de su periplo vital.

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