La universidad inmóvil


Vuelve, como las golondrinas, un tímido debate sobre la política universitaria en Galicia. En este caso asociado a políticas presupuestarias de la Xunta, o a alguna reforma -o así- que quizá proponga el Gobierno gallego. Sorprende que la política universitaria no sea un tema amplio de debate en la sociedad gallega, tampoco en la española, y mucho menos en la maniquea actividad parlamentaria, dotada de una buena dosis de irracionalidad. Por quien gobierna y quien se opone.

Aparte de algunos órdagos de los rectores frente al Gobierno de Touriño, la realidad de la universidad gallega no es conflictiva. Ni internamente en cada una de ellas, ni con los gobernantes de turno. Y las tensiones no tienen tanto que ver con reformas en profundidad, sino con intereses lesionados, ciertos o imaginarios.

Sometida, como el resto de las instituciones públicas, a recortes presupuestarios y salariales, incremento de tasas -no en Galicia- y despoblamiento estudiantil, está huérfana de análisis y de un debate en profundidad sobre la organización y futuro de la academia, y, claro está, de los académicos.

Solo constato que ese debate en Galicia no se produce, ni lleva trazas de hacerlo. Por más que existan análisis a disposición de quien les pudiera interesar. Entre ellos el de la Fundación BBVA-Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, 2012, Universidad, universitarios y productividad en España, donde aparte de desmitificar tópicos, establecen que la universidad ha crecido más en recursos que en resultados, su rentabilidad está limitada por las ineficiencias institucionales, entre las que destaca tres que encarecen su coste: estudios con muy baja demanda, bajo rendimiento académico de parte de alumnado, y el pago de tiempo de investigación a todo el profesorado estable, a pesar de que menos de la mitad acredita con regularidad resultados de tal hipotética actividad investigadora.

Pero, más allá de tales estudios, existen también otra serie de reflexiones sobre la universidad y los académicos, desde el clásico La tribu universitaria, de Alejandro Nieto, hasta el más reciente Adiós a la Universidad, de Jordi Llovet. Y de ahora mismo, un estudio notable de Clara Eugenia Núñez, Universidad y Ciencia en España. Probablemente sonrojante para muchos rectores, consejeros, comisionados y políticos, por cuanto supone una reflexión desde las mismas entrañas del poder universitario y de los desgarros que desarrollar una política institucional y reformista provoca. Pero que permite conocer males sustantivos de la universidad española, de los poderes universitarios -que existen-, y de la carencia de políticas de los políticos, muchos de ellos jueces y parte del lobby que gobierna. Yo comprendo que con la dedicación a las ingentes tareas de política y gestión universitaria el tiempo para la lectura, el análisis y la reflexión, resulte insuficiente. Quizá parezca un hecho poco relevante para la universidad, pero lo cierto es que lamentablemente se nota.

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