Patriotismo de bolsillo: Estado y cuentas territoriales


No seré yo el que niegue el derecho a decidir salirse del Estado español a cualquiera de sus diecisiete territorios autónomos (nacionalidades o regiones). Y creo que poco o nada cuenta lo que opinemos desde otras comunidades, o desde el resto de España. Bastaría con que así lo quisiese una abrumadora mayoría, por ejemplo dos tercios, de la población del territorio que se plantee la salida.

Salir de un Estado español que es hoy en día cuasifederal, en lo económico y presupuestario, es una opción legítima si uno busca una absoluta frontera, y barrera, fiscal. Pues si se quiere un estatus como el cupo vasco, que no es en absoluto federal, es más coherente plantearse salir de España. Si el argumento central es no perder recursos en favor del conjunto del Estado (y, por tanto, de sus territorios o naciones menos prósperos) entonces no hablamos de ser como un Land alemán, o un estado de los EE. UU., sino de ser un nuevo Estado europeo. Y eso es otra cosa que un horizonte federal.

Para llegar a esa conclusión no merece la pena perder el tiempo con los agravios contables de las balanzas fiscales, de las cuentas territorializadas, financieras, comerciales, ambientales, demográficas o de acumulación de capital. Si uno ya no asume que su ciudadanía la quiere compartir con andaluces o gallegos, porque quiere tener con ellos las mismas obligaciones y negocios que con un danés o con un ucraniano, de poco vale justificarse razonando que le salimos muy caros. En Alemania o Estados Unidos no se cuestionan esas obligaciones entre estados (ricos) y otros (pobres). No se discuten esas cosas entre compatriotas, pero aquí sí.

Porque, sin ir más lejos y por poner un ejemplo sustantivo, cuando se plantean las cosas así se está sugiriendo que las pensiones en Galicia o Extremadura debieran ser cosa exclusiva de gallegos y extremeños. Que desde nuestro territorio rico (por ejemplo, Cataluña) no vamos a poner recursos más que para «nuestros» pensionistas.

Claro que, si los más ricos del Estado se van por libre, en Galicia podríamos no contar con los más de tres mil millones de euros suplementarios que se necesitan para pagar las pensiones en la actual estructura (federal) de la Seguridad Social. Lo digo para vendedores nostálgicos de una Galeusca quimérica.

Claro que si se quiere un espacio de soberanía económica fuera de España (no me ocupo de las cuestiones políticas y culturales pendientes, bien fáciles de solucionar en un Estado llamado autonómico que pase a federal) no se pueden hacer trampas. No se puede pretender seguir en la Unión Europea para así, sin despeinarse, poder seguir moviéndose en el mercado (financiero, comercial, de recursos naturales, de concesiones públicas, etc.) español como si nada hubiese pasado. Hay que estar a las duras y a las maduras. Todos. Los que se vayan y los que permanezcamos en el Estado español. Porque todos saldremos perdiendo.

Pero, y con esto acabo, sería el colmo de la desfachatez que todo este órdago social no fuese más que eso: una forma torticera de conseguir clonar un cupo a la vasca. Que solo así consiente en seguir siendo -algún tiempo más- una nacionalidad española. Un despreciable patriotismo de bolsillo.

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