Una recuperación agónica


Lo primero que debe decirse sobre el futuro de la economía española es que no cabe esperar un retorno, una recuperación, del orden de cosas que en el pasado imaginamos podía garantizarnos un ininterrumpido crecimiento de la producción, del empleo o de la riqueza. Por una razón muy sencilla: porque el endeudamiento galopante que levantó aquel espejismo no va a repetirse. Al menos hasta que no reduzcamos a la mitad el nivel actual de endeudamiento con el exterior. Y eso puede llevarnos una década salvo que se produzcan fenómenos (quitas, inflación, etcétera) que no parecen estar en el horizonte tanto de los que nos gobiernan como de sus oráculos prestamistas.

Cierto que para responder por las deudas e intereses acumulados (empresas, hogares y sector público) las medidas adoptadas (devaluación interna, ajustes fiscales, recortes sociales, etc.) convertirán en piadoso deseo de una menguante clase media los derechos laborales, las negociaciones salariales, la cobertura de servicios públicos, las prestaciones sociales y un largo etcétera de lo que iba a ser el primer Estado de bienestar en la historia de España. Esas golondrinas ya no volverán. Al menos sin devaluación del euro, con prima de riesgo, sin eurobonos y con un presupuesto europeo de mínimos.

Esto así, y si nos tomamos en serio las últimas previsiones de la Comisión Europea para 2014-2015, la economía española no va a pasar de los años de vacas flacas que llevamos del 2008 al 2013 a una nueva fase de vacas gordas. Porque este año creceremos la tercera parte de la media europea (0,5 frente a 1,4) y el que viene dos décimas menos (1,7 frente a 1,9).

Aun si así fuese, sería un crecimiento claramente insuficiente para empezar a recuperar el empleo destruido en estos últimos cinco años. Y por eso en esas mismas previsiones se asume un práctico estancamiento del empleo en su nivel actual (caída de un 0,7 en el 2014 y subida de un 0,9 en el 2015, que se compensan). Será un bienio perdido. Otra cosa es que por desánimo, emigración, retornados y mutación de empleo de jornada completa a parcial se reduzca el desempleo (registrado y estimado) y se detenga la destrucción neta de empleo.

No obstante, lo peor es que existen serias razones para considerar esa previsiones poco sólidas. Por un lado, porque descansan en una supuesta recuperación del consumo privado en 2014-2015, recuperación que se compadece mal con las previsiones sobre la evolución de los ingresos reales por ocupado (que caerán un 0,7% tanto en el 2014 como en el 2015) y con millones de parados sin prestaciones. Por otro, porque descansan, además, en un comportamiento muy optimista de la balanza por cuenta corriente (mucho mejor que el de la balanza comercial), lo que supone una delicada -y volátil- dependencia de la demanda turística.

Albino Prada es Profesor de Economía aplicada de la Universidade de Vigo.

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