Haciendo los deberes

Julio Sequeiros

OPINIÓN

En estos últimos meses, la realidad de la economía española ha cambiado sustancialmente, y lo ha hecho para mejor. El fuerte desequilibrio externo que arrastrábamos desde la entrada en el euro se ha corregido de tal forma que llevamos ya unos trimestres con esas cuentas en equilibrio. En el plano interno, la EPA que se publicó en enero recoge un frenazo importante en la destrucción de puestos de trabajo y el capital extranjero acude a invertir en España, dinamizando el IBEX y rebajando la prima de riesgo al entorno de los 200 puntos. Este panorama -tan distinto del que teníamos hace solamente unos meses- tiene su explicación en que todos los agentes involucrados están haciendo correctamente sus tareas, aunque unos van más retrasados que otros. Veamos.

La mejoría de la situación económica en España se explica por los ajustes realizados por el Gobierno de Madrid, pero también, y de un modo determinante, por los ajustes realizados en el resto de los países de la periferia europea. A los ajustes en cada país hay que añadir el cambio de rumbo en la gobernanza del área euro y una coyuntura financiera internacional extremadamente favorable hasta el 2013.

El cambio de rumbo en la gobernanza de la eurozona ha conjurado el peligro de una ruptura monetaria derivada del hecho de no existir un prestamista en última instancia para los Estados soberanos. Desde hace ya unos meses, los mercados operan con la certeza de que, ni el BCE ni el MEDE (el fondo europeo de rescate) van a dejar abandonado a un país que solicite auxilio para su sector público y que suscriba el contrato correspondiente.

La sostenibilidad del área euro está ligada a la sostenibilidad de cada uno de los países miembros: ese es el modelo que nos hemos dado a nosotros mismos. Y esta sostenibilidad tiene dos vertientes: la privada y la pública. En la vertiente privada, los países del sur de Europa han equilibrado sus balanzas por cuenta corriente y, lo que viene a ser lo mismo, han controlado sus costes salariales, recuperando gran parte de una competitividad (tanto en el mercado interno como en el exterior) que se había perdido en la etapa precedente. En la vertiente pública, los países del sur han controlado sus cuentas, adecuando progresivamente los gastos a los ingresos, reduciendo el déficit de sus Administraciones y, en algunos casos, alimentando una deuda pública de un tamaño considerable, pero cuyos intereses se pueden financiar sin mayor problema.

Por último, el contexto internacional, hasta ahora, ha sido extremadamente favorable. Las expansiones monetarias en EE.UU. y en el área euro han llenado el mercado mundial de liquidez, liquidez que ha ido a parar a los mercados de la periferia europea y a los países emergentes en busca de mayores rentabilidades ligadas a los mayores tipos de interés en esas áreas. Esta abundancia de liquidez se irá drenando poco a poco, tal y como ya anunció la FED hace unos meses. Y este drenaje ya está empezando a generar problemas. En los países emergentes, esta liquidez ha generado unos tipos de cambio muy revaluados que tendrán que ajustarse a la nueva realidad. Unos lo harán progresivamente y otros de forma abrupta y violenta. Argentina es un ejemplo de lo segundo. Falta por ver Brasil, México, etcétera.

En mi opinión, si la recuperación se consolida en los próximos trimestres, esta mejoría en el plano macroeconómico acabará afectando positivamente el plano de la microeconomía, es decir, la productividad de las empresas y la prosperidad de las familias.

Julio Sequeiros es Catedrático de Estructura Económica de la UDC.