Así se ríen de usted los eurodiputados


Se ofrece puesto de trabajo. Sueldo de 8.000 euros mensuales más 304 euros de dieta por cada día pasado en el despacho. Otros 4.300 euros mensuales para gastos de oficina, sin necesidad de justificarlos. Además, se le asignarán otros 21.200 euros mensuales para contratar personal de su confianza, pudiendo elegir para esa labor a su cónyuge, a familiares, amigos o amantes. Pensión garantizada con solo cinco años de trabajo. Viajes gratis, en tren o avión, en clase business. Trabajo solo de lunes a jueves. En total, 134 trabajados al año. Resto, libre.

Como ocurre cada cuatro años, esta sugerente oferta de trabajo se publicará dentro de unos meses en España y en el resto de los países de la Unión Europea. Pero, lamentablemente, no todos los ciudadanos podrán optar a tan atractiva plaza. Solo se admiten dirigentes de partidos políticos, o aquellos a los que estos designen a su capricho. Se trata, claro está, de elegir a los 766 diputados del Parlamento Europeo. Una gran familia que se ampliará inmediatamente después de la votación con los dos a tres asistentes que cada uno de ellos puede nombrar libremente y cuyo sueldo pagaremos también todos los europeos. Serán, en principio, y sin contar a los miles de funcionarios que trabajan con un puesto fijo para la Unión Europea, cerca de 3.000 los puestos de trabajo que están en juego en las elecciones de mayo.

Se entiende así que florezcan, contra toda lógica, los aspirantes a ocupar un escaño en la aburrida, húmeda y fría Bruselas, sabiendo que su principal y casi única ocupación será votar a favor o en contra de abstrusas normativas comunitarias que la mayoría de ellos ni comprenden ni tienen intención de comprender. Se entiende también que Mayor Oreja haya agotado la legislatura en Bruselas pese a no compartir las políticas de su propio partido. Y se explican casos como el de la número dos del PSOE, Elena Valenciano, que se postula para eurodiputada ahora que sabe que le queda poco en el cargo. O el del diputado popular Aleix Vidal-Quadras, que abandona el PP por discrepar con Rajoy, pero se queda con su escaño en Bruselas porque no tiene «ninguna discrepancia» con la política europea del Grupo Popular. Sabiendo el chollo que hay detrás del trabajo de eurodiputado, se intuyen también los motivos por los que en las primarias para elegir al cabeza de cartel europeo de un partido como Equo, con solo 1.858 afiliados, vayan a enfrentarse nada menos que 70 aspirantes. Un 3,5 % de los militantes. Con esa misma proporción, a las primarias del PP, que por cierto no existen, deberían presentarse 29.155 personas.

Para entender la tomadura de pelo al ciudadano que implican las condiciones en las que se elige a los eurodiputados y el modo en el que estos ejercen su función, basta un dato: entre los requisitos para acceder a un Parlamento con 23 lenguas oficiales no figura el conocimiento de un segundo idioma. Basta con saber hablar español.

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