En defensa de la sanidad pública


La sanidad, junto a la educación y las pensiones, son las vigas maestras sobre las que se sustenta el Estado de bienestar. La sociedad española ha hecho un enorme esfuerzo para construir en muy poco tiempo, no empezamos hasta que recuperamos la democracia, un Estado social que con evidentes limitaciones es, sin embargo, homologable con el estándar europeo.

Posiblemente donde más y mejor se avanzó fue en la construcción del sistema nacional de salud, en la sanidad pública, logrando en poco más de tres décadas un modelo eficiente, universal, solidario, de bajo coste en términos comparados y muy bien valorado por los usuarios y la sociedad en general.

El esfuerzo de todos, la aportación de recursos públicos y el compromiso de los trabajadores de la salud, consiguió que disfrutemos de uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, que se traduce en indicadores de salud elevados. Un enorme consenso social impidió, hasta ahora, que ningún partido se atreviese siquiera a ponerlo en cuestión. Pero hoy, a caballo de la crisis, o mejor dicho, utilizándola como ariete, estamos sufriendo un proceso de deterioro del sistema con intentos evidentes para acabar con algunas de sus señas de identidad, en especial su carácter público. La reducción de las plantillas, la degradación de las condiciones laborales, retribución incluida, y los recortes presupuestarios están causando una pérdida de calidad en la prestación que se manifiesta, entre otras, en el aumento de las listas de espera.

Pero más allá de los recortes y del deterioro, lo que está en marcha es una estrategia de medio plazo para acabar con el carácter público y universal de un sistema financiado a través de los Presupuestos Generales del Estado. La gran amenaza que lo sobrevuela es su privatización, en la forma de gestión por empresas privadas del servicio, como ya ocurre con la enseñanza a través de los centros concertados o con otros servicios públicos en el ámbito local. Los ejemplos son evidentes y van desde el más descarado de Madrid hasta los más sibilinos de las áreas de gestión clínica de Galicia. Medidas diferentes, con distintos grados, pero todas apuntando en la misma dirección: introducir la lógica del negocio en el ámbito sanitario.

Es mucho lo que nos estamos jugando. Es irresponsable cambiar un modelo eficiente y muy valorado por los ciudadanos. Es peligrosísimo, ahí está lo que pasó en Madrid con las concesiones de la limpieza, avanzar en la privatización de lo público en un país en el que el amiguismo, y la financiación irregular, en la adjudicación de contratos está a la orden del día. Los trabajadores de la sanidad están en la cabeza de la movilización para defender la sanidad pública, en Madrid y también en Galicia, donde van a realizar una huelga hoy y mañana. Pero no deben estar ni sentirse solos, porque no son solo sus condiciones laborales, es también, es sobre todo, el futuro de la sanidad pública la que está en juego. Y podemos perderla.

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