El entorno tranquilizador de la Moncloa

Albino Prada
Albino Prada CELTAS CORTOS

OPINIÓN

04 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

En los años que llevamos de crisis han desaparecido tres millones largos de empleos que cotizaban a la Seguridad Social y que, en su ausencia, obligan a meter la mano por miles de millones de euros en su Fondo de Reserva para poder pagar a los pensionistas. Esos mismos empleos se han transformado en parados que obligan a gastar miles de millones al mes. Ingresos dejados de percibir por un lado, y gastos de protección social por el otro. Un doble impacto en las cuentas públicas.

En este lamentable y penoso escenario cuesta trabajo imaginar cómo nuestros gobernantes, de variado color político, tienden a ver presagios de una inminente salida de la crisis. Quizás se deba a la tropa de jóvenes tecnócratas que conforman un entorno tranquilizador en la Moncloa, aun a costa de ignorarlo casi todo respecto a la vida cotidiana de sus conciudadanos. Pero lo cierto es que nuestro presidente habla sin rubor de que ya no tenemos destrucción de empleo.

Y lo dice cuando los datos de la Seguridad Social del mes de noviembre confirman una caída de 237.000 afiliados en los últimos doce meses, que llega a los 600.000 en el cómputo de afiliados medios anuales hasta noviembre (página 6 del informe estadístico). Cifras que hay que sumar a aquellos tres millones largos.

Puede que tal ensoñación se deba a que comprueban cada mes que pasa cómo los parados registrados disminuyen, y cómo en los últimos doce meses casi han desaparecido cien mil parados registrados. ¡Bingo¡: será porque ya no se destruye empleo.

En vez de asumir que la continua y prolongada destrucción de empleo está provocando desánimo, emigración y nuevas bolsas de pobreza, los tecnócratas tranquilizadores sugieren en los oídos de los que mandan que eso mismo puede venderse como una buena noticia.

Pero la ciudadanía vive muy de cerca otra muy distinta realidad. Sabe que los hijos de la otrora clase media española están emigrando en masa. Que si ya eramos el país europeo con una mayor desigualdad social, ahora el tercio social hegemónico vive mejor que nunca. Que a estos poco parece importarles ni el deterioro social que se está incubando (también en la sanidad o en la asistencia a los mayores), ni la caída crónica del consumo.

Ahora se pone de modelo para todo exportar barato: mano de obra cualificada, mercancías o empresas. Porque como ya no nos prestan dinero desde fuera (salvo el BCE a los bancos para que expriman al Estado) la voz de orden es vender barato.

Y es así que seguiremos este largo invierno: unos tranquilizando a los inquilinos de la Moncloa para que vendan ilusiones, otros buscando sobrevivir un poco más que el vecino de al lado y el resto con la frustrante evidencia de estar atrapados en una ratonera social que se llama España.