«Kristallnacht», 75 años después


El desconcierto y el dolor siempre preceden a la pregunta de difícil respuesta: ¿Cómo tan pocos pudieron matar a tantos? El Holocausto judío es una de esas manchas en la historia de la humanidad que, lejos de habernos enseñado que no hay casi límites a la crueldad, solo ha supuesto un capítulo más de los desastres provocados por un proceso de paz injusto tras la Primera Guerra Mundial. Un conflicto que provocó cambios tan sustanciales que, a punto de cumplirse el centenario de su inicio, todavía vivimos sus secuelas. Las durísimas condiciones impuestas a Alemania abocaron al país a una pobreza insoportable, favoreciendo que, contra todo pronóstico, un austríaco pequeño y de bigotito ridículo, artista frustrado, quien no perdonaría nunca haber sido privado de su vocación a favor de un judío, se hiciera con el poder en Alemania. Como consecuencia de ello, Hitler embarcaría al mundo en la pesadilla de la Segunda Guerra Mundial y propiciaría el exterminio de seis millones de personas.

Cuando se cumplen setenta y cinco años de la Kristallnacht o noche de los cristales rotos, las heridas abiertas todavía no se han cerrado. El asesinato del diplomático alemán Ernst von Rath a manos del joven judío Herschel Grynszpan sirvió de excusa para azuzar a las masas contra todos los judíos que vivían en Alemania y hacerse con sus riquezas. Más de siete décadas después, Alemania es próspera, pero la crisis económica general, la migración masiva desde Turquía y Oriente Próximo y el aumento del crimen han dado nueva vida en Europa a la extrema derecha en la política y al nazismo radical en la clandestinidad, ampliado su odio del judío capitalista al musulmán terrorista.

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«Kristallnacht», 75 años después