Kennedy y Gil de Biedma


El día del asesinato de Kennedy, hace 50 años, el soberbio poeta Jaime Gil de Biedma, una de las personas con mejor memoria que he conocido, sufrió un ataque de amnesia digno de pasar a las páginas de la literatura sobre este tema tan lábil. Cuando aquel 22 de noviembre de 1963, oyó por televisión la noticia del asesinato de Kennedy, estaba sumido, según me contó, en un auténtico rapto poético escribiendo los primeros versos de Pandémica y celeste, mi poema de amor preferido de cuantas literaturas conozco. Estaba tan poseído por la escritura de aquel poema que sintetiza su visión global del amor que, a la mañana siguiente, al leer en el periódico la noticia del asesinato de Kennedy, sintió una enorme conmoción porque tuvo la impresión -errónea- de que, por primera vez, recibía la información sobre el magnicidio de Dallas. Solo horas después de leer la prensa, Gil de Biedma superó su amnesia y recordó que esa noticia ya la había oído el día anterior. Esta amnesia eventual -y de noticia tan escalofriante- en una persona de memoria privilegiada que recitaba de corrido cientos de versos de diversos poetas, y en varios idiomas, revela hasta qué punto el rapto poético puede alterar el cerebro de un artista. Gil de Biedma reescribió este poema inmortal de 98 versos a lo largo de seis meses. En televisión, por aquellas fechas, triunfaba la serie sublime Eliot Ness y los intocables.

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