La conferencia política del PSOE comunica


El PSOE encara este fin de semana su conferencia política en el momento de mayor debilidad y desconcierto en sus 134 años de historia. La indigencia de su poder político se mide en datos irrefutables. Su número de diputados en el Congreso es el menor de la democracia. Gobierna en solo dos autonomías -una de ellas la perderá en breve-, y en 8 de los 50 municipios más poblados de España. Pero su principal carencia no es de poder, sino de ideas y de liderazgo. Como ejemplo, baste saber que el problema catalán, que amenaza con romper el modelo de convivencia entre los españoles acordado en la Constitución de 1978, no se abordará en esta conferencia. Asegura el PSOE que ese problema ya lo tiene resuelto hace tiempo. Y que, por tanto, no hay nada sobre lo que discutir. Vale.

Pero, tranquilos. A cambio de hurtar a su militancia y a sus votantes ese crucial debate territorial, el PSOE anuncia una apasionante aportación a una cuestión, esta sí, capital e inaplazable: está dispuesto a debatir sobre «el nombre de las autonomías». Albricias. He aquí el verdadero problema de España. Es urgente, por ejemplo, que Castilla y León pase a llamarse León y Castilla, que ya esta bien de tanto centralismo castellanizador. E ineludible que Castilla-La Mancha se denomine La Mancha-Castilla por idénticos motivos. Se aguardan excitantes propuestas en torno al aburrido nombre de Región de Murcia y sobre el poco republicano Principado de Asturias. Tampoco se hablará en esta conferencia del PSC, al que solo se nombra una vez en las 384 páginas de la ponencia política. Al parecer, no existe ningún problema con el socialismo catalán, aunque sean cada vez más los que piden una marca propia del PSOE en Cataluña

Puestos a orillar en sus jornadas de reflexión los problemas de España, renunciando a buscarles arreglo, cabría esperar que los socialistas se dedicaran al menos a solucionar los suyos por la vía de la renovación. Pero no. A un año de las elecciones europeas, y a dos de las generales, el partido sigue dirigido por un secretario general al que desaprueban el 74 % de los votantes socialistas. Y que es, según los sondeos, uno de los políticos peor valorados de España. ¿Cambio de líder? ¿Primarias? No. No toca, dicen. Rubalcaba, que ya estaba ahí en la generación del padre, Felipe González, ha enterrado a la generación de los hijos zapateristas y pretende sepultar a los nietos que, todo hay que decirlo, han resultado ser bastante más flojos que sus antecesores e incapaces de emanciparse.

Cómo estará la cosa de mal para que tenga que ser el juez Garzón, el mismo que dinamitó desde los juzgados el Gobierno de Felipe González después de infiltrase en él como un troyano, quien asesore a los socialistas en esta conferencia. O para que algunos de los que llevaron a IU a cosechar en el 2008 el peor resultado de su historia se ofrezcan como consejeros en el cónclave. Y, encima, sean admitidos.

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