El expolio fantasmal de Cataluña


Un fantasma recorre España: el expolio de la laboriosa Cataluña a manos de una panda de mataos, o de vagos de solemnidad, que vivimos en otras comunidades. Y de este hecho resulta, como dirían Marx y Engels, una doble enseñanza: que la realidad de un viejo Estado está siendo sustituida por la imagen política de un pollo sin cabeza; y que la mayoría de los políticos, intelectuales y periodistas españoles ya han caído en la trampa de plantear el debate donde a Artur Mas le conviene, y donde casi todo lo que se puede concluir resulta manipulado, estúpido y altamente peligroso.

Lo más curioso es que el cuadro de este expolio -que ya preside el tablado nacional con el mismo rojo encendido que ostenta el Expolio de El Greco en la sacristía de Toledo- lo está pintando Andreu Mas-Colell, economista de prestigio internacional, formado en las universidades de Barcelona, Valladolid, Minnesota, Berkeley y Harvard; profesor en la Pompeu Fabra de Barcelona, atiborrado de premios y reconocimientos, y con un apabullante elenco de publicaciones. E igual de curioso resulta que Mas-Colell desarrolle su obra a partir de un boceto trazado hace años por Antoni Castells, catedrático de Hacienda Pública, político socialista de larga trayectoria y experiencia, y conseller de Hacienda con Maragall. Porque eso significa que los responsables intelectuales de las memeces y disparates que integran el informe sobre La deslealtad del Estado con respecto a Cataluña saben el alcance de lo que dicen, y dicen exactamente lo que desean decir.

Lejos de estar pensando en un debate constructivo sobre la realidad de la España actual y sobre su crisis política y económica, solo quieren fabricar bombas de racimo que hagan irrespirable el ambiente político y social en el que se debate la desleal y atrabiliaria solución concebida por Mas para una década de incompetencia gestora de la Generalitat, y cuya esencia consiste en la creación de un estadito que le permita ser absolutamente insolidario con el entorno español y europeo sin renunciar a las ventajas de la solidaridad integrada que siguen exigiendo a comunitarios y españoles. Un primor.

Por eso ha llegado la hora de hablar. De plantarse frente a la estupidez y la manipulación. De librarnos de los complejos imperiales que nos quieren despertar; y de negarnos en redondo a aceptar un debate abocado a la aporía, cuya único horizonte es la legitimación de la deslealtad, el desorden institucional y las bobadas escritas con presuntuosas fórmulas matemáticas. Y con ese objetivo empezaré por arrepentirme de la abierta admiración que profesé a la clase política catalana, que, vista por los gallegos como paradigma de rigor, compromiso y habilidad, desfila ahora por los periódicos como una panda de chamarileros. Un desengaño amoroso que jamás podré perdonar.

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