Estaca, el Finisterre del calderón tropical


Ojalá el último varamiento masivo de calderones tropicales en la playa de Bares contribuya a despejar las incógnitas sobre este comportamiento suicida. Sabemos que estos cetáceos, cuya organización social es tan compleja como los sonidos que emiten, se encuentran en los mares de la Estaca al límite de su distribución hacia el norte y que al menos dos grupos han ido a morir en ese mismo lugar de la costa, pero ¿por qué? Quizás sea ese abrigo fenicio el más próximo a mar abierto donde un individuo desorientado trate de refugiarse, según la teoría científica más extendida. Pero, aparte del seguimiento ciego al guía, o la fuerte cohesión social que les impide abandonar a congéneres en apuros, en otros casos se han efectuado comprobaciones que apuntarían a detonantes distintos y también plausibles.

En la mayoría de los casos no ha sido posible armar una teoría consistente, lejos ya los tiempos en que estos y otros arroaces eran cercados y apaleados por los marineros, al considerarlos competidores y ahuyentadores de la pesca en las rías. Pero recientemente la Wildlife Conservation Society (CWS) investigó el varamiento masivo de cien calderones en un sistema de lagunas al noreste de Madagascar, ocurrido en un año, el 2008, en el que también vararon otros 80 en una playa senegalesa cercana a Dakar. Concluyeron que se había debido a prospecciones del fondo marino con una ecosonda multihaz por un buque de investigación contratado por la petrolera Exxon Mobil. Como el sonar de alta frecuencia se usa no solo en la exploración de hidrocarburos, sino también buques de investigación de todo tipo y por supuesto militares, el daño indirecto de este ruido debería estar al menos entre las hipótesis de trabajo. Hace diez años Cepesma apuntaba la muerte de calamares gigantes y otros peces frente a Avilés por explosiones de aire comprimido generadas por un buque de exploración.

Si ha habido una enfermedad, un daño neurológico, quizás lo revelen las necropsias. Este es un animal que se arriesga a grandes profundidades para cazar. Esta nueva estampida hacia la costa contrasta con el plácido avistamiento de manadas del calderón común que a diario se desplazan frente a la Estaca conviviendo con tráfico marítimo que, en todo caso, no es tan intenso como en otros lugares donde habitan permanentemente, como Canarias. A pesar de que se han documentado todo tipo de historias marítimas y pesqueras en la zona, el desconocimiento y hermetismo sobre lo que ocurre en el mar es inmenso. Puede haber causas ambientales o biológicas. Si los encallamientos suceden por nuestra causa, bien porque contaminamos y enfermamos su mar, o porque los desorientamos y confundimos en sus rutas, deberíamos hacer algo para comprenderlo y evitarlo. Si no lo conseguimos, tampoco seremos capaces de evitar el descarrilamiento en nuestro Finisterre vital.

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