¿Y si Artur Mas fuera un cuentista?


La teoría más extendida en España sobre el presidente de la Generalitat y su infausto referendo sostiene que Mas es un iluminado que hace prestidigitación con nitroglicerina sin tener en cuenta que del estallido del peligrosísimo envite que se trae entre las manos, jurídicamente ilegal y políticamente desleal, podrían salir destrozados no solo él y su partido, sino, lo que es mucho más importante a todas luces, la convivencia interna en Cataluña y los vínculos seculares entre esa comunidad autónoma y el resto del país.

Tal teoría, que yo mismo he sostenido, es completamente verosímil, pues la recalcitrante insistencia de Mas en convocar una consulta que queda fuera de su ámbito legal de competencias hace pensar que estamos ante un político cegado por un sectarismo mesiánico, que cree que se encamina hacia el supuesto paraíso de una Cataluña independiente cuando lo hace en realidad hacia el abismo de un conflicto institucional que no podrá ganar jamás.

De hecho, es esa certeza -que ni el Gobierno permitirá a Mas convocar su referendo ni lo convocará jamás- la que hace posible formular una teoría alternativa a la de un Mas iluminado: la de un Mas cuentista y pícaro, que en la mejor tradición española de los tramposos, estafadores y jugadores de ventaja, insiste en convocar su consulta no a pesar de que ni el Gobierno del PP ni un futuro Gobierno del PSOE la van a consentir, sino precisamente porque sabe que no la van a consentir.

Según la teoría del Mas cuentista, tanto el presidente de la Generalitat como toda la gente de orden que lo vota están jugando con el ardid de la consulta sabedores de que la consulta no va a tener lugar dado que el Gobierno no puede permitirla, lo que elimina la eventualidad indeseable para ellos de una posible secesión que llevaría a una Cataluña fuera de España, y por tanto del euro y de la UE, a la catástrofe económica.

Eso explicaría que burgueses de alto copete, banqueros de diez cifras y comerciantes y empresarios de todos los tamaños que apoyan a Convergencia sigan jugando, con su apoyo o su silencio, a la carta de una secesión que tienen la certeza de que jamás va a producirse. Y así, mientras Mas gobierna con un aliado (ERC) que nunca lo apoyaría de otro modo, distrae la atención sobre el programa de ajuste más duro de los que se aplican en España y va a favor de la ola de Diadas y cadenas, los burgueses, banqueros, comerciantes y empresarios que lo apoyan están con el poder, confiados en que quien lo ejerce no los llevará al desastre porque hay en España gente sensata que, con su sentido del Estado, impedirá tal desatino.

El resumen es sencillo: o Mas es un iluminado o un farsante, pero, en cualquiera de los dos casos, es, sin duda, el mayor irresponsable del panorama político europeo.

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