Pedro Morenés no quiere hacer balance

OPINIÓN

26 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

En un solemne acto castrense, celebrado en la base de Qala-i-Naw, el ministro de Defensa acaba de afirmar que la tierra afgana «ha sido regada por la sangre y el sudor» de las tropas españolas, dando a entender que ese simple hecho, al que un buen militar denominaría «supremo sacrificio y acto de servicio», es equivalente a un balance positivo y ejemplar de la misión que nos llevó a la guerra de Afganistán. Lo malo es que Pedro Morenés no asistía a una fiesta militar, donde el bombo y los tambores van de suyo, ni a una guerra declarada, donde el heroísmo forma parte intrínseca de la operación, sino a un repliegue precipitado -léase «ahí os quedáis»- protagonizado por un Ejército que no sabe muy bien a qué fue allí ni por qué se marcha ahora, y que se ve obligado a inventar cada día una misión humanitaria cuyos efectos se van a extinguir en el momento en que despegue el último avión de transporte de tropas.

Por eso creo que el ministro Morenés podía haberse ahorrado el viaje, haber encargado a un comandante el inevitable desfile de despedida, y dedicar su alto poder e inteligencia a hacer balance de una misión a la que fuimos de manera totalmente acrítica, siguiendo a militaristas redomados como Bush, Rumsfeld y Cheney, y en la que los soldados han dedicado la mayor parte de su esfuerzo a autoprotegerse. Lo que más nos interesaría oír de Morenés es por qué no aportamos ni una sola idea -ni a favor ni en contra- en esta invasión; por qué tuvimos que formar parte de una coalición tan diversa y disparatada que ni siquiera fue capaz de actuar en todos los casos de forma contenida; por qué dejamos aquello igual o peor de lo que estaba; y por qué hemos necesitado diez años de guerra para hacer la misma paz y los mismos acuerdos que pudimos hacer antes de ir.

Pero todo apunta a que ese balance no forma parte de los objetivos de Morenés, y que las mismas machadas que nos llevaron a Irak y a Afganistán, y que nos hicieron meter las narices en la vergonzosa liberación de Libia, nos pueden seguir llevando a cualquier parte y en cualquier momento, siempre sin acuerdos legítimos, y sin más argumento que acompañar a esos americanos que solo entran en conflicto cuando y con quien les conviene, y que siempre se vuelven a casa tan pronto como alcanzan sus propios objetivos.