La joya de la corona


La nueva intervención quirúrgica a la que se someterá el rey resulta, más allá de otros aspectos importantes, un nuevo motivo de sorpresa. Una sorpresa ya antigua cada vez que un miembro de la familia real precisa cuidados médicos. En más de una ocasión los medios se han hecho eco de la sorpresa que produce el hecho de que la familia real desdeñe los recursos de la sanidad pública española acudiendo a prestigiosas clínicas fuera del alcance mayoritario de la ciudadanía.

Es ya un lugar común el que la sanidad publica española ocupa un puesto preeminente en competencia con países más ricos y con larga historia de servicios sociales de calidad. Es nuestro sistema sanitario un orgullo mundial para la ciudadanía -en este momento tan necesario- que con sus impuestos la sostiene; para los políticos y técnicos que la han impulsado, como el llorado Ernest Lluch; y para los profesionales que en ella se desarrollan, motivan y realizan profesionalmente.

Que la familia real la utilice como hacen los ciudadanos de toda condición, y que con ello la visibilice y la prestigie, es una discreta pero a la vez potente manera de decirle a un país que ve peligrar, tan asombrado como asustado, lo más vital para la felicidad y la realización plena como es la atención a la salud.

Ha costado mucho tiempo, dinero y esfuerzo ponerla en pie. No se puede privatizar, no se puede perder.

Y la Corona debe cuidar con su ejemplo su más valiosa joya.

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