La «Liada» catalana y la república ibérica


V aya por delante que no soy nacionalista de ningún tipo y que creo que de lo que se trata es de vivir en paz, tener un trabajo digno, comer todos los días y ser feliz. Ese debería ser el objetivo de cualquier proyecto que implique a las personas. Pertenezco a un país que se llama España y no veo ningún problema en compartir un proyecto multicultural e histórico con andaluces, murcianos, asturianos, etcétera. Pero si en el futuro mi país se llamase Galicia, también estaría encantado de compartir nacionalidad con pontevedreses, lugueses, ourensanos y coruñeses. Mi ideal sería que no existiesen naciones, que el mundo fuera un solo país donde todos los ciudadanos vivieran en paz y libertad, donde todos tuviesen acceso a la alimentación, a la educación y a la sanidad. Pero esta utopía no puede ser, y además es imposible. Puestos a buscar otro ideal, quizás más real, desearía una república ibérica donde, desde el respeto a todos los pueblos y culturas que habitan la península, España y Portugal formasen un único país, que por muchas razones sería muy potente en el contexto internacional y donde viviríamos mucho mejor.

Hace unos días se celebró la Diada en Cataluña y, como siempre, fue una multitudinaria (que no mayoritaria) manifestación de fervor nacionalista. No tengo nada que decir en contra, salvo que cada vez me repele más que los políticos catalanes me digan que les robo o que son más guapos que yo. Complejo de inferioridad frente a los catalanes o los del Katmandú, cero. Si ustedes necesitan un AVE, nosotros también y con el mismo derecho. A ver si algunos políticos, pijos y progres, dejan de ser xenófobos, además de ignorantes y prepotentes. Los ciudadanos de Cataluña son en su inmensa mayoría gente de bien, orgullosa de su cultura y tradiciones, y alejada de esa crispación que proyectan políticos y medios de comunicación. A los catalanes en nada los envidio y en mucho los admiro.

Llegados a este punto de desafección de los catalanes con España, lo más democrático y racional es preguntarles si quieren ser independientes o no; eso sí, con todas sus consecuencias. ¿Dónde está el problema? ¿No se hacen o van a hacer referendos en Quebec o Escocia? Yo creo que hay que explicar, sin complejos, ambas opciones, debatir sin prejuicios los pros y los contras, expresar el que quiera sus sentimientos nacionalistas y, finalmente, en un ambiente de libertad y tranquilidad, preguntarle a la gente y respetar la voluntad mayoritaria. Es una torpeza tratar de aplacar el sentimiento nacionalista a base de euros. Eso no puede ser la solución. La solución hay que buscarla en la política (con mayúsculas) y en la democracia.

Si no se hace la consulta al pueblo de Cataluña, acabaremos teniendo un grave problema y la próxima Diada se puede convertir en la Liada catalana, porque estaremos en un callejón sin salida, y cuando se llega a ese punto hay grandes probabilidades de que se produzca un choque violento y por lo tanto muy peligroso.

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