Rawan, de ocho años, muerta en el lecho nupcial


La pequeña Rawan murió en su noche de bodas, sí, con ocho años, como consecuencia de las terribles lesiones internas que le provocó su marido de 40 al consumar el matrimonio. El horror sufrido por Rawan se ha dado a conocer en los medios, pero unas 40.000 niñas menores de 15 años son obligadas a casarse en el mundo todos los días.

Apoyándose en la historia escrita en el Corán por la cual el profeta Mahoma se casó con Aisha con solo 6 años -aunque se fue a vivir con él a la edad de 9-, los religiosos han vetado el cambio legislativo que pretendía establecer los 17 como la edad mínima de matrimonio para las féminas en Yemen.

El casamiento de las menores se ha convertido en una necesidad perentoria en uno de los países más pobres del mundo. Deshacerse de una boca a la que alimentar y que no va a aportar dinero a la familia con su trabajo se ve como lo más razonable para garantizar la supervivencia. Yemen ocupa el puesto número 160 en cuanto a desarrollo humano entre los 186 analizados por la ONU. El índice de pobreza, es decir, el porcentaje de la población que vive con menos de un euro al día es superior al 54 % y aquella golpea aún con más dureza a las mujeres, cuyo analfabetismo y, por lo tanto, incapacidad para trabajar e independizarse, según la Unesco, alcanza el 71 %.

Se me escapa la calificación jurídica del infierno que ha vivido la pequeña Rawan. Desde el asesinato con todas las agravantes posibles hasta la pederastia, la cantidad de delitos hace que se nos ponga un nudo en la garganta. Pero, en realidad, el mayor delito es la injusticia social y la pobreza que, junto con la ignorancia, hacen posible que casos así sigan sucediendo.

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Rawan, de ocho años, muerta en el lecho nupcial