Mejor aulas que villa olímpica


Doscientos mil niños comenzarán esta semana el curso escolar en Galicia. Serán unos pocos más que el año pasado y tendrán un puñado de aulas menos. Para muchos de ellos, la situación real ha empeorado. No es solo que la vuelta al cole suponga algo más de 700 euros por niño, según publicaba ayer La Voz, que los libros de texto hayan subido un 1,1 % o que los sindicatos denuncien un fuerte aumento del gasto a afrontar. Es que ese dinero supone un esfuerzo mayor para un alto porcentaje de familias cuyos ingresos han disminuido.

La realidad es que la Cruz Roja ha visto la necesidad de colocar a sus voluntarios a la entrada de hipermercados para recolectar material escolar; que Cáritas también apela a la solidaridad para ayudar a familias en dificultades (no se olviden de colaborar con ellos) y que una campaña para conseguir la reutilización y el abaratamiento de los libros de texto ha reunido ya más de 250.000 firmas en España.

La realidad es que el final de la crisis que ya ven desde el Gobierno no se ve ni de lejos desde la mayoría de los hogares que se enfrentan a más gastos con menos ingresos.

A esas familias les preocupa más bien poco que Madrid no vaya a organizar los Juegos Olímpicos del 2020. Es más, esos 1.500 millones que dicen que faltaban por gastar para tener todo a punto -¿a cuánto ascenderían en realidad al final?- podrían dedicarse ahora a paliar los recortes en educación e investigación.

Tener una villa olímpica sería bonito. Pero mucho más urgente es dejar de recortar en educación, la auténtica garantía de futuro.

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