Desafío catalán: Chacón se lava las manos


Con la aparente tranquilidad de quien finge no ser consciente de verdad de la trascendencia real de lo que hace, Carme Chacón anuncia que se va de España a dar clases en Miami durante el curso académico que está a punto de empezar. Para no ser cruel, no haré comentarios sobre los méritos académicos que adornan a la nueva profesora americana: sus alumnos, angelitos, sabrán dónde se meten.

Lo que sí merece una rigurosa reflexión es el hecho insólito de que quien ha aspirado a ser candidata a la presidencia del Gobierno de España (¡ahí es nada!) y, con seguridad, sigue pensando obsesivamente en intentarlo se sienta tan poco concernida por la situación de su país como para abandonarlo cuando Cataluña (su comunidad de nacimiento y vida política) va a pasar una prueba de fuego, que lo será para España en su conjunto: la más grave que hemos afrontado desde que en 1978 se aprobó una Constitución que el nacionalismo y una parte del socialismo catalán quieren ahora pasarse por el arco del triunfo.

Con 42 años, Chacón ha sido ya teniente de alcalde de su ciudad, diputada en las Cortes, vicepresidenta primera del Congreso, ministra de Vivienda y ministra de Defensa, además de una dirigente muy significada del Partido Socialista de Cataluña. Por todo ello, como es obvio, ha contraído una deuda de responsabilidad con la sociedad que Chacón no puede de buenas a primeras congelar según sus exclusivos intereses políticos y con la única intención de salvaguardar sus expectativas y ambiciones personales.

Pues la cuestión es que Chacón no se va a pesar de que Cataluña vaya a entrar el próximo 11 de septiembre en una reforzada espiral secesionista, en la que ella de manera muy destacada debe «tomar partido hasta mancharse», por decirlo con los versos de Celaya. No, Chacón no se va a pesar de eso, sino precisamente por eso. Porque con su marcha quiere evitar pelear en defensa de una de las dos posiciones que hoy mantiene el PSC: apoyar el soberanismo o apoyar el referendo soberanista.

Chacón, que es una universitaria irrelevante, pero es lista, sabe que apoyar uno de esos dos disparates durante el duro proceso que se dibuja ya en el horizonte acabaría con toda posibilidad de hacer realidad su sueño y el del potente grupo de comunicación que la patrocina: ser presidenta de España. ¿O es que alguien se imagina a los votantes de centro, sin los cuales el PSOE jamás ganará las elecciones, apoyando a una candidata que no ha estado radicalmente en contra de todo el irresponsable juego que mantiene el PSC desde hace años en relación con Cataluña?

Como Poncio Pilato, Chacón quiere lavarse las manos en el delicadísimo conflicto catalán, que, como dirigente del PSC, ha contribuido decisivamente a agravar. Por eso, aunque con ellas lavadas, no se irá con las manos limpias.

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