La intervención «correctiva» en Siria


El golpe de 1970 por el que Hafez al Asad se hizo con el poder se denominó «revolución correctiva», por «corregir» la de 1963 y que no logró estabilizar el país. Y es que, desde la proclamación de independencia en 1946, Siria vivió inmersa en un torbellino político interior mientras intentaba sortear los huracanes de su entorno. Desde el rechazo a la escisión del Líbano, pasando por las sucesivas guerras contra Israel y la rivalidad con Egipto e Irak por liderar el mundo árabe, el país no logró encontrar su lugar en Oriente Próximo. Así que, cuando Al Asad se hizo con el mando y «pacificó» el país eliminando derechos y libertades, Occidente hizo la vista gorda a sus atrocidades. En el año 2000 Bachar sucedió a su padre, parecía un cambio, el primer atisbo de libertad política e intelectual durante la primavera de Damasco. Solo fue un espejismo, la situación siguió deteriorándose hasta el levantamiento y guerra civil del 2011. Tras dos años y medio y más de 100.000 muertos, millones de desplazados y con la excusa de un ataque químico, EE.?UU., Gran Bretaña y Francia, enfilan sus cañones hacia Siria para un «tratamiento correctivo» a Bachar advirtiendo que no buscan derrocarlo. A estos países junto con Israel, les aterroriza la posibilidad de una fragmentación del país o un Gobierno islamista, pero les da igual que los sirios sigan sufriendo en tanto en cuanto el Estado siga unido y no tenga fuerza para apoyar a Hezbolá en el Líbano y a Hamás en Palestina.

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La intervención «correctiva» en Siria