Angrois en cuatro bocadillos


Las grandes catástrofes siguen una escaleta muy parecida. El primer día, cuando solo hay caos y desolación, aparecen los medios y agencias locales; el segundo día desembarcan con gran despliegue de recursos y mucho aparato reflectante los de Madrid; el tercer día los medios internacionales convierten el lugar en un babel mediático. Los vecinos son zarandeados a golpe de titular y entradilla. Repiten como un mantra lo vivido, sobrellevan las obviedades y los lugares comunes con estoicismo. Periodistas y vecinos conviven casi siempre en armonía. Los de Angrois son especialmente amables y hospitalarios. En su único bar, el bar Teré, se está como en casa. Tres bocadillos suministrados por Pepe, su dueño, son mi dieta desde la mañana siguiente a la catástrofe. El primer día (el bocata era de chorizo y queso) Pepe estaba entero, aplicando una cura de humor a la herida abierta; el segundo día (jamón) su gesto era más severo; el tercer día (salchichón) aparecieron las lágrimas. En las paredes del bar conviven fotos de escenas de caza (porque en la zona, según dice Pepe, son «moi escopeteiros») con formaciones de equipos de fútbol. El Dépor de Fran y José Ramón, el Compos y el Celta, el glorioso Madrid de la quinta del Buitre. Pero sobre todo hay espacio para las reliquias, las formaciones en las que jugó Pepe. Primero jugó de medio centro en el Gimnástico Fútbol Club del Sar; luego de portero en el Torpedo FC de A Choupana. Llegó a ser el portero menos goleado de las dos ligas de modestos que había en Santiago. Son imágenes en sepia en las que se puede reconocer a más vecinos de Angrois.

Acodado en la barra está Evaristo, el propietario de la gorra más famosa de Angrois. La que usaba el día que llevó en volandas al maquinista. No se la quita desde entonces. Tiene dos gorras iguales y la que lleva hoy es la misma de ese día. La ha lavado porque tenía restos de sangre. Dice que tiene un agujero en el estómago que no logra sacar fuera. Pero al menos ya puede dormir.

Ahora bajará la intensidad. Los medios foráneos desaparecerán persiguiendo la siguiente tragedia y los vecinos (lo están deseando) se quedarán solos. Empezará la descompresión. Tendrán que administrar ese hondo agujero en las tripas. Yo, desde luego, pienso volver para comerme el cuarto bocadillo.

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