Elección de sexo, ¿un avance?


Hace unos días asistimos, con gran alarde publicitario, a la presentación por una clínica de reproducción asistida catalana de una iniciativa legislativa popular para modificar la ley de reproducción asistida (del año 2006) y permitir la elección de sexo del recién nacido mediante diagnóstico genético preimplantacional. Dicha iniciativa fue avalada por una asociación de clínicas de reproducción asistida, Anacear, y se presentó como un gran avance, una modernidad. Parémonos y reflexionemos.

La reproducción asistida es un conjunto de técnicas que permiten a la pareja o a una mujer satisfacer su deseo de tener descendencia a pesar de la existencia de alguna imposibilidad natural o adquirida. Todas las ramas de la medicina pueden caer en el mercantilismo, pero son especialmente propensas aquellas que atienden a la llamada medicina satisfactiva, como es el caso de la cirugía estética o la que nos ocupa.

En España se ha desarrollado en torno a la medicina reproductiva un floreciente mercado, favorecido por las diferencias legislativas entre nuestro país y los de nuestro entorno, que hace que mujeres alemanas, italianas o inglesas se acerquen a clínicas españolas para recibir óvulos donados. Es un hecho comprobado que nuestro país realiza casi el 50 % de los ciclos de ovodonantes del continente, y lo mismo ocurre con el screening preimplantacional.

El problema es que en los últimos 2 o 3 años ha surgido una fuerte competencia por parte de los antiguos países del Este, en especial Ucrania y Eslovenia. A causa de sus menores costes y de legislaciones mucho más permisivas que la española, están captando una clientela cada vez mayor, lo cual va en perjuicio de las clínicas españolas, que ven cómo merma su negocio (ya muy tocado a causa de la crisis económica). De ahí que busquen nuevos nichos de actividad, como los vientres de alquiler y la selección de sexo (no olvidemos la vecindad del mundo árabe, potenciales clientes de las nuevas técnicas).

La selección de sexo por causas no médicas genera profundas dudas éticas, entre otras cosas por la discriminación de género y los problemas demográficos que supone. De hecho, la selección de sexo en etapas más avanzadas de la gestación (aborto selectivo) ya ha ocasionado problemas sociodemográficos importante en China e India.

¿Busca esta iniciativa legislativa popular un verdadero beneficio social o únicamente un nuevo nicho de mercado? ¿Por qué no se habla nunca del coste económico que suponen a la sanidad pública los malabarismos y excesos de las clínicas privadas de reproducción asistida?

José Ramón Amor Pan es experto en Bioética; Manuel Macía Cortiñas es jefe del servicio de Obstetricia y Ginecología del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago

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