Entusiasmo y fiesta


La euforia con la que el presidente Rajoy y la ministra Báñez nos avisaron de buenas noticias sobre el paro ya nos hizo pensar en algo extraordinario. El anuncio, como ocurrió con aquel «acontecimiento planetario» de Leire Pajín, nos dejó en vilo. Creímos adivinar que habíamos acabado con esa desdicha. Que ya no habría más dramas, más miserias ni más frustraciones. Y casi lo logramos. El mes de mayo ha sido el mejor de los últimos 16 años y solo nos quedan seis millones de parados, después de haber colocado a 98.265, 6.573 de ellos en Galicia.

A este paso, en un pispás acabamos con el drama de millones de españoles que tanto les llama la atención en Europa. Y ese mérito hay que dárselo al que lo merece. Porque entre la reforma laboral, la movilidad exterior, la Virgen del Rocío y que ir por la mañana a trabajar a Letonia es como quien va a O Porriño, tenemos medio camino andado: España va por la buena dirección y todos nos miran con envidia.

Así que con otro par de mayos como el que acabamos de dejar y con el buen hacer de estas nuestras señorías, problema resuelto. Se acabaron las colas en busca de trabajo. Y si somos capaces de cargarnos el despido, las prestaciones y el salario mínimo, esto será un paraíso. Habremos liquidado el paro y a los parados. Por eso tanto entusiasmo y tanta celebración.

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