El motín -irresponsable- de Feijoo y Monago


Que Artur Mas se haya vuelto tarumba, e insista en su atrabiliario debate sobre el derecho a decidir, no significa que Cataluña no sea lo que es, ni que la Moncloa pueda responder a sus demandas con otro debate igualmente atrabiliario, ni que los líderes de la igualdad sobrevenida, que confunden el buen gobierno con la motoniveladora, puedan arbitrar el partido a su manera. Dicho de otra forma, el motín de Feijoo y Monago suena a pura chuminada, y harían bien en mantener silencio y hacer sus deberes antes de que llegue la hora de analizar el problema en perspectiva inversa.

El gobierno de Cataluña durante la última década fue un desastre, y bien podría ponerse como paradigma del derroche que se extendió por todas partes en el tiempo de las vacas gordas. Pero seríamos unos irresponsables si, olvidando que la realidad de España depende en buena parte del ser de Cataluña, nos ahogásemos a nosotros mismos en la garganta de Mas. Por eso hay que darle una salida tan firme y rigurosa como realista a quien genera el 18,5 % de nuestro PIB. El problema de España no es divisible en 17 partes iguales. Y por eso tenemos que hacer políticas que resuelvan el conjunto con la misma racionalidad con la que pedimos a Bruselas que a cada país europeo se le den formas y plazos de consolidación fiscal acordes con su triste historia.

El juego de Galicia no puede ser el tute cabrón, que, en vez de darnos la victoria por la productividad y la riqueza, nos haga campeones en recortes y chapuzas millonarias. Y por eso sería bueno que Feijoo nos hablase de la nueva financiación antes de ponerse gallito con Cataluña a costa de las frases del niño repelente: «Yo ya lo hice, profe, yo ya terminé».

Cuando hacemos hincapié en que todos los españoles debemos ser iguales en derechos y oportunidades, y en que nuestro AVE tiene que correr igual que el de Barcelona, no podemos olvidar que mientras cada catalán genera 27.248 euros de PIB (el 117,6 % de la media española), un gallego genera 20.723 (89,4 %) y un extremeño 15.393 (66,4 %). Si, oportunamente instalados en el final del trayecto, implantamos el discurso de que lo justo es darle a cada uno lo suyo, cuando regresemos a la estación de partida, que será el año que viene, y Cataluña reclame exactamente lo mismo -que cada cual coma, eduque y haga sanidad con lo que produce-, los gallegos nos las vamos a ver muy negras para rescatar nuestras caixas y pescanovas, nuestro AVE, nuestros puertos exteriores, nuestros aeropuertos vacíos, nuestro Gaiás desierto y todas las ofensas que hicimos, desde la debilidad estructural, a la idea del buen gobierno. Porque gobernar no es hacer surf sobre la buena ola y a favor del viento, sino navegar cargado contra viento y marea. Y para eso hay que ayudar a que funcione el motor, en vez de echarle arena en sus engranajes.

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El motín -irresponsable- de Feijoo y Monago