Según los viejos romances de condes antiguos este mes es «cuando hace la calor» aunque la sabiduría popular mantiene que «hasta el cuarenta de mayo -diez de junio- no te quites el sayo». Cuestión de matices. Hoy escribo sobre el calendario, dándome una tregua, desengrasando el asfixiante discurso político, no sé si falto de relato como asegura el presidente Feijoo o harto de relatos de género, en este caso de literatura fantástica y de ciencia ficción aplicada a la economía. Lo cierto es que voy a deslizarme por uno de los meses que más aguardo, como en una copla de abril y mayo, con toda la naturaleza desperezándose en el abanico de luz de los días más largos cuando merman las noches.
Los árboles, las plantas, las flores se pavonean con su legítimo esplendor consagrando la primavera con la banda sonora y sinfónica de Igor Stravinski. Hay una variedad de orquídea que se llama la flor de mayo, y en Sevilla florecen los lirios mientras el azahar perfuma las calles y las alamedas del sur. No sé si la jacaranda es de este mes o más tardía. Y mientras por aquí estalla la primavera, en el hemisferio sur declina el otoño dando una segunda oportunidad a la floración de las plantas.
Ayer vi a las humildes amapolas festoneando de rojos intensos los campos urbanos, y según entras en Galicia, un mar de toxos con su color de oro viejo, te recibe ufano y exultante desde una lejana gallardía.
Mayo fue floreal y pradial en el calendario revolucionario de los franceses cuando inventaron la Enciclopedia y la guillotina, la vida y la muerte. Fue símbolo que conmovió a la juventud ilustrada de Europa cuando en mayo del sesenta y ocho prohibieron y constataron que no había playa debajo de los adoquines.
Es el mes de las madres, el mes dedicado a la Virgen, con sus cien nombres en la tradición católica, con Fátima como eje.
Y en este viejo país gallego, hay en mayo fiesta grande de las letras, que se mudan en puente festivo. Ese día no debería, yo lo digo siempre que puedo, ser feriado, como no lo es el Día del Libro en el resto del Estado, ni siquiera en Barcelona, que rinde homenaje a San Jordi, con libros y rosas.
Las letras gallegas es una festividad laica de artificio. Propongo como ejercicio de fin de artículo recordar a quiénes, a qué autores gallegos, se dedicó en los tres últimos años el Día das Letras. ¿Se acuerdan? ¿Verdad que no?
Por mayo está la plenitud en el paisaje, se pone en pie la esperanza, los días comienzan a ser infinitos. La pena es que dure solo treinta y un días. Por mayo.