La arrogancia es el enemigo


Carlos Floriano, que es el último portavoz que está quemando el Partido Popular, lo ha dicho así: «Las únicas políticas que pueden hacer salir al país de la crisis son las del PP». Soraya Rodríguez, que es la portavoz socialista que se creyó Soraya Sáenz de Santamaría, lo expone de esta forma: «El gran acuerdo nacional que se propone es para rectificar la política económica». Pueden añadir ustedes, si quieren, las descalificaciones que hizo Rubalcaba de esa política y la seguridad con que Rajoy habla de la misma. Ahora pongan ambas posiciones en la balanza donde se mide la posibilidad de eso que se llama un pacto de Estado, y díganme qué posibilidades hay de que salga adelante. Para ser más realistas, díganme qué posibilidades hay siquiera de que se convoque: cero; cero patatero.

Con lo cual, el único que ha dicho una verdad como un puño ha sido el señor Entrecanales, presidente del Instituto de Empresa Familiar: no entiende cómo después de casi siete años de crisis y destrucción de empleo y de tejido empresarial nuestros políticos no han sido capaces de sentarse y buscar soluciones juntos. La explicación la sabemos todos: porque les ha importado un pimiento lo que pasaba en el país, jugaron siempre la partida del interés electoral y no han querido regalar ningún mérito al adversario. Zapatero lo intentó en una ocasión, pero terminó como el rosario de la aurora. Según se ha publicado, Cristóbal Montoro confesó las intenciones del PP a un diputado del PSOE: «Si se hunde el país, ya lo levantaremos nosotros».

Y así anduvimos estos años. El PP siente tal desprecio por las ideas socialistas que no las admite ni a trámite. Y creo que Rubalcaba propone el pacto sin la menor esperanza de sentarse a negociar y con las únicas intenciones de otorgarse la categoría de partido de gobierno y, de paso, ganar algunos titulares de prensa. Mientras se habla de su propuesta, no se habla del lío de las primarias, ni salen nuevos candidatos tipo Madina, ni los periodistas incordiamos con la insumisión de Pachi Vázquez, esa otra forma brillante de contribuir a la disolución del Partido Socialista.

Yo ignoro si un pacto crearía un solo puesto de trabajo. Pero sí crearía un ambiente de confianza, de esperanza y de sensación de esfuerzo colectivo para salir de la emergencia. Ahora se nos niega ese esfuerzo. Si el Gobierno no toma la iniciativa, solo puede ser por la arrogancia de creer que él se basta con su mayoría absoluta. Si algún día llega la recuperación, quiere los méritos para sí mismo y nadie más. Ese es el mensaje cuando se dice con algo de insolencia y exceso de engreimiento que «las únicas políticas para salir de la crisis son las del Partido Popular».

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La arrogancia es el enemigo