El estupor infinito de la señora Merkel


Aunque parece fría y rompedora, Angela Merkel empieza a estar preocupada por la imagen de Alemania, que poco a poco se va convirtiendo en la estúpida explicación de todos los males del Sur. Más allá de la inversión causal de los problemas, que nos hace creer que estamos mal por culpa de los recortes, en vez de intuir que tenemos recortes porque andamos mal, los alemanes no alcanzan a entender por qué esa gente que tienen tan claro que la solución es crecer, crear empleo y ser muy felices, no ponen manos a la obra y abandonan las duras recetas germanas. Y por eso doña Angela aprovechó la mañana de ayer, domingo, para leer los periódicos del Finisterre y ver de qué hablamos los gallegos. Y este es el resultado.

En Ourense siguen empeñados en la estación de Foster, que, lejos de representar una necesidad esencial de la ciudad -a Merkel le pareció muy digna la que hay y muy adaptable al nuevo servicio- revive el principio de «a la prosperidad por el derroche», como si aquí no hubiese pasado nada. Luego se enteró de que para un AVE que, a causa del localismo, va a tener dos estaciones terminales, también se proyectan megaestructuras en Vigo, A Coruña y Santiago, sin tener en cuenta que sumadas todas ellas no alcanzarán la mitad de pasajeros que recibe Karlsruhe, ciudad similar a Vigo.

La señora canciller se enfadó mucho cuando vio que en A Coruña se van a invertir más de 1.000 millones de euros para trasladar su magnífico puerto natural a un lugar antinatural y dudosamente operativo. Y cuando supo que los tres aeropuertos gallegos se desangran en la crisis y el déficit, mientras el central está infrautilizado y los periféricos están siendo ampliados. Y su sorpresa creció más aún al ver que la autovía Carballo-Berdoias se ralentiza pero no se cancela; que la autopista Santiago-Lugo se muere de risa pero no se abandona; que las universidades siguen triplicando titulaciones y dando másteres al viento fresco de la tarde; que Novagalicia Banco no se liquida; que el Banco Gallego nos sigue costando dinero a espuertas; que Pescanova no sabe lo que debe ni a quién se lo debe; que los hospitales encomendados al sistema de financiación publico-privada tienen sus proyectos en el aire; que el Deportivo está en quiebra; que la Ciudad de la Cultura lleva camino de ser un nido de pajarracos, y que el único sector económico que funciona -la Semana Santa, la peregrinación de Francisco, la Virgen de agosto y el puente de la Inmaculada- es el religioso.

Por eso la señora Merkel duda mucho de que los titulares de preferentes e hipotecas abusivas fuesen engañados. Porque en Galicia -dijo-, donde solo votan los gallegos, todo funciona? ¡a la italiana! Y es que la señora canciller cree que Galicia está en Italia, donde los electores le confiaron al payaso Beppe Grillo la salida del abismo.

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