La UE, España, Cataluña y el santo Job


Mientras en Bruselas están pensando en cómo homologar la zona euro, para evitar que las insensateces de unos pocos comprometan el futuro de todos; y mientras el ministro De Guindos trataba de explicar en Irlanda por qué necesitamos un plazo más amplio para el ajuste pactado, Artur Mas, que solo utilizó el seny para engañarnos, y que ahora huye hacia adelante en medio de un océano de estupidez inenarrable, acaba de montar un llamado Consejo Asesor para la Transición Nacional, cuyo objetivo consiste en estudiar cómo aumentar el babel de la UE añadiendo otro Estado; cómo ser independientes sin que el Barça se quede fuera de la liga española; cómo montar un banco central con una moneda teórica sin que el euro deje de ser la forma de pago normal y sin que ningún Estado europeo vete su entrada en la UE por la puerta de atrás; cómo repartirse con España la deuda que no pueden pagar; cómo garantizar las pensiones que no pueden garantizar; cómo seguir interviniendo en la planificación de las redes de comunicación del Estado español y oponiéndose -desde el extranjero- al AVE gallego; cómo mantener La Caixa en un espacio económico -la UE- del que no formaría parte; y cómo traspasar al nuevo Tribunal Supremo de Cataluña los casos abiertos por corrupción política en los últimos años.

Más que una independencia, lo que quiere la élite catalanista es una nacionalidad variable, española cuando les convenga y catalana para todo lo demás, cuyo objetivo es formar parte de la UE -y de las dinámicas económicas de España- sin pagar la cuota de solidaridad que conviene al proyecto conjunto. Una propuesta indecente, pienso yo, cuyo modelo está mucho más cerca de Kosovo que del escéptico Reino Unido.

En tales circunstancias, ¿cree usted que exageran Merkel y Draghi cuando se niegan a aflojar los controles? ¿Cree que merecemos la confianza política y económica que reclamamos en medio de este espectáculo dantesco? ¿Metería usted su dinero en un programa de rescate multimillonario para sanear nuestro país y a ponerlo en la senda de la racionalidad?

Un loco -me pueden decir- lo tiene cualquiera. Y no seré yo quien dude de eso. Lo que no tiene cualquiera es un loco dirigiendo Cataluña, un pusilánime -Rajoy- caneando el problema sin acercarse nunca a la portería, un Rubalcaba ofreciendo rotos para tapar descosidos, una prensa progre que solo pide dialogar y que piensa que todo lo que ampara un derecho es también de sentido común, una prensa retro que piensa que la solución le corresponde a la Brunete n.º 1 y unos nacionalistas ilusos que también aquí o en el País Vasco sueñan con más Estados en Europa, más monedas en el mundo y más gente con doble nacionalidad que sueña con ir adonde ya está.

Mi conclusión es que a Merkel no solo no le faltan razones, sino que tiene más paciencia que Job.

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