Abajo los memos

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

No sé si es peor la incompetencia o la maldad. Los tiempos demuestran que el bueno de Rousseau era un ingenuo y que en el camino hacia el contrato social que nos hace mejores por la vía de lo colectivo el sistema secreta residuos que esquían en Aspen y habitan en mansiones de lujo alicatadas con la ingenuidad colectiva. Los malos son malos, y los buenos, buenos porque hay malos. Poco más que decir. Todos tenemos a un miserable cerca, así que lo que resta es sofisticar los radares para detectarlos a tiempo.

Los incapaces son otra cosa. Son ignorantes y negligentes, pero comparten una cualidad que los hace indestructibles: su gregarismo. El mediocre es un imán de mediocres, refractario a la crítica, exhibicionista de su idiotez y extremadamente habilidoso en la manipulación de los conceptos de mayoría y democracia. Atesora un talento apabullante para desactivar al erudito, si además es virtuoso. En el cuerpo a cuerpo con el cretino, la persona sabia explota de una sobredosis de incredulidad, incapaz de obligar a su corteza cerebral a procesar la memez como concepto existencial. En el camino hacia este cataclismo, los baldragas, débiles e impotentes, los indocumentados y los ineptos nos han ocupado, entre otras cosas por incomparecencia del rival. Están en los partidos políticos, en la familia real, en las grandes empresas y en las comunidades de vecinos. Y entre lo mucho que nos han arrebatado, lo más peligroso es nuestra capacidad para confiar. Su prepotencia explica los balbuceos dolosos de De Cospedal o la impertérrita pretensión de liderazgo de Rubalcaba. Solo hay un camino para que inicien la retirada; que los virtuosos den un paso al frente y les saquen de una vez los colores.