Bárcenas y Armstrong

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

Viva la pasta. Al ciclista y al tesorero les gusta el dinero. Tanto, que se han construido un código legal a medida para debilitar los controles que cercan a la mayoría de los mortales. Las falcatruadas del deportista y del político no son más que la expresión moderna de una pulsión eterna: ser poderoso, caiga quien caiga.

Todo el mundo tiene un precio. La mejor forma de cosechar fidelidades es embadurnando al prójimo. A Lance y a Luis los protege una red de porquerías compartidas y expandidas que garantiza el silencio. Los dos saben qué rostro tienen los habitantes de las cloacas porque fueron ellos quienes los reclutaron. Este patrimonio informativo les permitirá chantajear o negociar. Nos venderán que por el bien del sistema.

Hagámonos los tontos. Que los ciclistas se dopan y que los partidos cobran comisiones es una convicción colectiva construida a base de certezas. Se ha consentido, alentado, envidiado, generalizado y ocultado. Pero seamos sinceros; no hemos querido emprender una causa general contra una forma de proceder que introduce una sospecha terrible: quizás los cimientos de nuestra democracia chapotean en una ciénaga. 

Metralla para el sistema. Armstrong y Bárcenas han disparado munición potencialmente letal. Ahora todo es sospecha. Una bicicleta ha dejado de ser el transporte de los superhombres para convertirse en el chasis de los tramposos. En cuanto a los partidos políticos, las porquerías del PP -¿y por qué el viernes Rubalcaba no aceptó preguntas?- son devastadoras para una ciudadanía harta de sacrificios inducidos por mangantes. La política en España necesita ser refundada. Si no, la historia los juzgará.