Tres años, y mucho por hacer


El sábado se cumplieron tres años del terremoto de Haití. Resulta llamativo que aún 358.000 personas estén alojadas en los casi 500 campos de refugiados que continúan en pie. ¿Dónde quedaron las promesas, las buenas palabras de aquellos que fueron a hacerse la foto a esta castigada parte del planeta? No obstante, «la esperanza, la fe en salir adelante, permanece en el corazón de los haitianos, Haití es un país de héroes y heroínas cotidianos», me cuenta alguien que lleva dos años y medio trabajando allí en una de las mejores oenegés que conozco, Entreculturas?Fe y Alegría, de los jesuitas. Una organización que, cual multiplicación de los panes y los peces, hace mucho con poco. De hecho, ya ha conseguido poner en marcha allí 17 centros educativos, cinco de ellos de formación profesional para que los jóvenes alcancen un medio de vida digno y participen en la reconstrucción del país.

Deberíamos aprender un par de lecciones. Es fundamental, para resolver un problema, mantener la esperanza y el coraje: lo peor es un clima de pesimismo. Y, en segundo lugar, no olvidemos que hay muchos seres humanos pasándolo infinitamente peor que nosotros; sería cruel cerrar nuestras entrañas a la cooperación con esos pueblos, por mucha crisis que tengamos.

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